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Carmen Gonz�lez/Carlos Taibo:

La transici�n pol�tica en Europa del Este
Centro de Estudios Pol�ticos y Constitucionales
Colecci�n: Cuadernos y debates, Madrid 1996, 167 p�gs.

por Jes�s de Andr�s

  El inter�s de la Universidad espa�ola por las cuestiones internacionales ha sido, hasta hace tan s�lo unos lustros y por razones a todas luces evidentes, tan escaso como insuficiente. S�lo algunas individualidades, movidas sin duda por un esp�ritu resuelto, osaron adentrarse en un campo desconocido y complejo pero, a la vez, con enormes posibilidades de desarrollo dado lo fecundo del mismo. L�gicamente, una vez iniciado el despertar, la atenci�n dedicada a unas u otras cuestiones vino de la mano de la coyuntura internacional concreta y, como no pod�a ser de otra forma, de su grado de proximidad: si en un primer momento y de forma natural se centr� en los pa�ses de habla hispana, m�s adelante, como consecuencia del proceso de reintegraci�n en Europa, los estudios comunitarios quitaron protagonismo a los primeros; por �ltimo, caer en la cuenta de la existencia al sur de unos vecinos no siempre bien conocidos, impuls� los estudios sobre el mundo �rabe e isl�mico. Sin embargo, a pesar del notable desarrollo de los estudios internacionales en las ciencias sociales, los sorprendentes y transcendentales acontecimientos vividos en Europa del Este y la antigua Uni�n Sovi�tica a lo largo de los �ltimos a�os ochenta y primeros noventa pusieron de manifiesto en la comunidad acad�mica espa�ola el desconocimiento que de aquellos pa�ses se ten�a y el agravio que supon�a comparar esta situaci�n con la del resto de pa�ses de nuestro entorno, lo que motiv� un t�mido surgimiento de dichos estudios en nuestro pa�s. Desde finales de los a�os ochenta, poco a poco pero de forma constante, se ha incrementado el n�mero de investigadores que desde las distintas �reas sociales se han venido ocupando de aquel espacio geogr�fico. No es necesario insistir en la ausencia de un �rea de conocimiento comparable a lo que en otros pa�ses se dio en llamar "sovietolog�a" pero s� tener en cuenta que la falta de unos cimientos m�nimos impidi� un mayor y m�s r�pido desarrollo, hecho que incrementa notablemente el valor del trabajo hasta hoy realizado.

  El trabajo de Carmen Gonz�lez y Carlos Taibo es resultado de la situaci�n descrita: una l�nea de investigaci�n abierta con �nimo pionero, fruto de una curiosidad intelectual que atiende al momento hist�rico concreto y llevada a cabo, en ausencia de tradici�n o escuela, con osada vocaci�n. El resultado, pese a lo que podr�a pensarse una vez vista la situaci�n inicial, tiene una notabil�sima calidad que no adolece de nada si se compara con lo realizado por investigadores europeos y norteamericanos expertos en la materia y que sin duda les supera si se tiene en cuenta el punto de partida. Autores de destacados t�tulos, especializados en los casos h�ngaro y ruso-sovi�tico respectivamente, Carmen Gonz�lez y Carlos Taibo, a los que une la identidad generacional de los llegados a la docencia universitaria en los primeros a�os noventa, han intentado, siempre en la medida de lo posible y en compa��a de otros especialistas de diversos campos, solventar la mala situaci�n se�alada. Fruto y ejemplo de ello son el programa de doctorado sobre la Europa del Este y la antigua Uni�n Sovi�tica coordinado por Carmen Gonz�lez en la UNED o el programa de estudios rusos dirigido por Carlos Taibo en la Universidad Aut�noma de Madrid.

 

 

Pese a su brevedad, en el trabajo que aqu� comentamos, resultado de un seminario impartido en el Centro de Estudios Constitucionales, pueden apreciarse algunas de las inquietudes y temas de inter�s constante de los autores. Su enfoque es similar ya que ambos comparten la Ciencia Pol�tica como disciplina y, por tanto, se mueven en id�nticos par�metros. De esta forma predominan los aspectos anal�ticos sobre los descriptivos, la teor�a sobre la narraci�n. Esto no implica, todo lo contrario, un planteamiento as�ptico: no falta la cr�tica, ni a la losa del pasado ni a los numerosos errores cometidos en el presente. Copiando la estructura del seminario original la obra se divide en dos: en la primera Carmen Gonz�lez analiza la transici�n y consolidaci�n democr�tica en Europa del Este y en la segunda Carlos Taibo hace lo propio con la transici�n rusa y sus problemas. Se�alar, llegados a este punto, el diferente sentido dado por los especialistas al t�rmino Europa del Este al no existir un acuerdo sobre el mismo: bien como el territorio del antiguo Pacto de Varsovia, bien referido a esa franja intermedia entre la antigua URSS y Europa Occidental. Incluso en esta obra, tal y como advierten los autores en la presentaci�n, puede encontrarse este doble sentido.

 Divide Carmen Gonz�lez su ensayo en dos partes a las que acompa�a una concisa conclusi�n. En la primera parte la autora indaga en el origen de la crisis de los sistemas comunistas, es decir en el car�cter impuesto del modelo pol�tico (su trabajo hace referencia a los casos polaco, checo, eslovaco, h�ngaro, rumano y b�lgaro) y en la falta de legitimidad derivada de dicha imposici�n, as� como en la influencia decisiva que los factores internacionales han tenido para la puesta en marcha del cambio: "la crisis sovi�tica ha sido sin duda el principal elemento democratizador en Europa del Este" (p�g. 21). Analiza adem�s en esta primera parte a los actores pol�ticos del cambio, haciendo hincapi� en la nula influencia de los ej�rcitos, la renuncia de la �lite gobernante y la disoluci�n de los partidos comunistas, la debilidad de la sociedad civil (contra la extendida opini�n que explica la crisis de los reg�menes comunistas como consecuencia de su crecimiento y protagonismo) y la complejidad del cambio dada su naturaleza simult�nea en lo pol�tico, econ�mico y nacional-internacional.

 Dedica la segunda parte de su trabajo al an�lisis de los problemas con que se han encontrado estos pa�ses en el camino hacia la consolidaci�n de sus nuevos sistemas, especialmente en lo que se refiere a la formaci�n de un sistema de representaci�n de intereses. Para la autora, la ausencia de organizaciones intermedias (sindicatos, organizaciones empresariales, asociaciones profesionales, etc.) constituye "un escollo muy sustancial al normal funcionamiento de las instituciones democr�ticas, recargando de funciones de intermediaci�n a los d�biles partidos pol�ticos e impidiendo la formaci�n de pactos sociales" (p�g. 44). Centra, pues, su atenci�n en los partidos pol�ticos, su origen y coordenadas ideol�gicas, as� como en la evoluci�n del comportamiento electoral. El otro gran problema en el camino hacia la consolidaci�n que aborda Carmen Gonz�lez es el del nacionalismo. Se trata de "una amenaza en varios sentidos (...) por cuanto implica un riesgo de confrontaci�n b�lica (...), por cuanto tiende a oscurecer o anular los conflictos de intereses materiales entre los distintos segmentos de la sociedad, imponiendo un discurso artificiosamente unificador que impide la formaci�n de un sistema de representaci�n de los intereses (...) y porque un requisito para la consolidaci�n democr�tica es la certidumbre sobre los habitantes y los territorios a los que afectan las normas, y sobre las personas con derecho a intervenir en la vida pol�tica (y) el nacionalismo que cuestiona las fronteras o el racismo que intenta negar la ciudadan�a de una parte de la poblaci�n, impiden esta certidumbre" (p�g. 66). En su an�lisis dedica varias p�ginas a la formaci�n del nacionalismo xen�fobo en Europa del Este, a la inseguridad de las nuevas naciones-Estado, a las relaciones entre nacionalismo y comunismo y al nacionalismo en las nuevas democracias.

 La conclusi�n, por �ltimo, plantea el interrogante sobre la consolidaci�n misma de los nuevos reg�menes aparecidos en los a�os noventa. Para ello utiliza una definici�n propia del concepto: "una democracia est� consolidada cuando no existe ninguna fuerza relevante que la amenace" (p�g. 85). Partiendo del hecho de que los seis pa�ses analizados pueden definirse como democracias, "en el sentido procedimental del t�rmino", la autora considera la presi�n y atracci�n de la Europa occidental y la inexistencia de grupos importantes que propongan modelos pol�ticos alternativos junto a la opini�n p�blica y de las �lites para diferenciar, dados sus diferentes condicionantes hist�ricos, entre el grupo de pa�ses que estuvo incorporado "a la Europa de los Imperios Centrales, esto es, Polonia, Rep�blica Checa, Eslovaquia y Hungr�a", por un lado, y Ruman�a y Bulgaria, que por su "larga pertenencia al imperio otomano, han estado alejadas durante siglos de la influencia cultural, econ�mica y pol�tica occidental", por otro. De esta forma, mientras que las posibilidades de consolidaci�n son m�s n�tidas para el primer grupo, en los casos rumano y b�lgaro "su consolidaci�n democr�tica es m�s dudosa, o, dicho de otra forma, la permanencia de las estructuras democr�ticas puede depender de peque�as alteraciones, especialmente en el terreno de la pol�tica internacional". No obstante, la conclusi�n final augura como futuro m�s probable, para todo el conjunto de pa�ses, "el mantenimiento de los rasgos b�sicos de la democracia pluralista" (p�g. 87). Destacar finalmente que acompa�a Carmen Gonz�lez a su trabajo de un considerable n�mero de mapas, cuadros y res�menes con clara vocaci�n pedag�gica que facilitan la comprensi�n y hacen el escrito asequible a un p�blico no especializado.

 Por su parte, Carlos Taibo procede al an�lisis de la transici�n rusa partiendo del cuestionamiento de la validez de dicho concepto para un proceso de cambio con inequ�vocas singularidades, que dificultan sobremanera la v�a comparativa, y caracterizado de principio a fin por el alto grado de incertidumbre que, a la vista de los resultados obtenidos, impide la generalizaci�n de esquemas lineales impregnados de optimismo hist�rico. Dedica, para ello, su atenci�n a seis aspectos cruciales como son el nuevo entramado institucional, los distintos actores que lo conforman, la organizaci�n del territorio y la "cuesti�n nacional", las singularidades del entramado econ�mico, la politizaci�n de las Fuerzas Armadas y el derrotero tomado por la pol�tica exterior. Como bien aclara el propio autor no se trata de un estudio global y pormenorizado de la situaci�n actual de la Federaci�n Rusa sino de se�alar algunos de los problemas concretos que impiden la comparaci�n autom�tica y que "inducen a pensar que la 'transici�n' rusa no discurre (...) por el mejor de los caminos imaginables" (p�g. 92). Al considerar el entramado institucional resultante de la Constituci�n de diciembre de 1993, Carlos Taibo recoge la opini�n generalizada entre los especialistas de su inapropiada gestaci�n, poco deseable para un proceso de normalizaci�n democr�tica y para la creaci�n de instituciones en las que est� bien determinado el principio de divisi�n de poderes. El modelo hiperpresidencialista resultante, las limitaciones impuestas al poder legislativo tras su derrota f�sica frente al ejecutivo y los problemas del Tribunal Constitucional (inexistente durante a�o y medio) confirman, finalmente, un escenario institucional definido por la inobservancia de la se�alada divisi�n de poderes. Los actores destinados a moverse en dicho escenario tienen, l�gicamente, unas caracter�sticas particulares sobre las que Carlos Taibo llama la atenci�n. En primer lugar las �lites rusas que hicieron posible el cambio, al contrario de lo ocurrido en otros pa�ses de la Europa del Este, proced�an del interior de las instituciones sovi�ticas y desde �stas se fragu� su oposici�n, lo que, sin duda, limit� la profundidad de las transformaciones. En segundo lugar, sin contradecir lo anterior, se�ala las causas del reciclaje de capas enteras de la "nomenclatura" que van desde la adaptaci�n de los grupos m�s din�micos a la natural renovaci�n generacional pasando por un posible patr�n "espacial". La debilidad de los partidos pol�ticos y la poderosa influencia de determinados grupos de presi�n, cuya acci�n se produce en ocasiones "en competici�n (...) con la ejercida por circuitos mafiosos en amplia extensi�n" (p�g. 114), terminan de configurar un entorno de indefinici�n y con notables dificultades a la hora de canalizar y gestionar las distintas demandas sociales. Esto, unido a la improvisaci�n de muchas de las decisiones tomadas en los �ltimos a�os, hace de la incertidumbre el elemento definitorio del proceso.

 Una vez definido el escenario y sus actores, Carlos Taibo analiza cuatro cuestiones fundamentales como son la organizaci�n del territorio, los problemas de la econom�a, el papel de las Fuerzas Armadas y la pol�tica exterior. En el primer caso, a pesar de las oscilaciones iniciales y especialmente desde la desaparici�n de la URSS, la pol�tica del gobierno ruso para la cuesti�n territorial ha seguido un curso a todas luces centralizador. Tanto el "Tratado de la Federaci�n" de 1992 como la Constituci�n de 1993 han profundizado en dicho camino y, lejos de solucionar los distintos problemas existentes entre el centro y las regiones, han agudizado los problemas. Las singularidades del entramado econ�mico, desestructurado, en crisis y sometido a las presiones de poderosos grupos de inter�s, han agudizado la cr�tica situaci�n y los problemas sociales. La superposici�n de tres l�gicas econ�micas diferentes (la econom�a burocr�tica estatal del r�gimen sovi�tico, la denominada "econom�a de bazar" y "lo que, no sin alg�n problema conceptual, se califica com�nmente de 'capitalismo salvaje'", p�g. 128) complejiza, a la vez que caracteriza, el funcionamiento del sistema actual. En cuanto al papel de las Fuerzas Armadas se hace evidente, seg�n el autor, su creciente peso pol�tico, especialmente desde que, tras el empleo de unidades militares en el asalto al Parlamento, en 1993, aparecieran a la luz p�blica las tensiones existentes. Por �ltimo analiza Carlos Taibo el "derrotero imperial" de la pol�tica exterior, enfocando el problema desde la vieja disputa entre eslav�filos y occidentalistas. Si en la configuraci�n inicial de la nueva Federaci�n Rusa primaron los proyectos occidentalistas, los problemas pol�ticos, econ�micos y territoriales surgidos poco despu�s motivaron el alejamiento progresivo de la pol�tica exterior hacia planteamientos nacionalistas aquejados de cierta inercia "imperial".

 A manera de conclusi�n analiza el autor algunos de los principales elementos que caracterizan al sistema ruso, cuestiona los posibles horizontes del mismo y expone sus serias dudas sobre la verificaci�n de un proceso de "transici�n a la democracia". Por contra, una "transici�n en doble sentido", dado el renacimiento de f�rmulas autoritarias, parece ajustarse mejor a la realidad. Si para Carmen Gonz�lez la transici�n a la democracia en los pa�ses por ella estudiados parece confirmarse, as� como la validez del m�todo "transicionol�gico" para su estudio, en el caso ruso, estudiado por Carlos Taibo, tanto la transici�n como la aplicaci�n de este enfoque encuentran dificultades insorteables. En la comparaci�n de ambas realidades y resultados, de los distintos procesos hist�ricos y sus m�todos de an�lisis, de ambos trabajos en definitiva, radica, quiz�, el aspecto m�s interesante, como totalidad, del libro que comentamos.

�Jes�s de Andr�s