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Amartya Sen (1933) |
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Amartya Kumar
Sen (1933, Santiniketan, India) es director del Trinity College,
Cambridge, y ganador del Premio Nobel de Ciencia Económica 1998. Cátedra
Lamont de Economía, Universidad de Harvard. Profesor de Economía
y Filosofía, Universidad de Harvard, Raster, Trinity College, Cambridge.
También es miembro del Consejo Editorial de Economía y
Filosofía, Etica, Economía de la Mujer, Género y Desarrollo, Revista
de Historia Económica y Social de la India, Diario Indio de Economía
Cuantitativa, Diario de Estudios Campesinos, Revista de Desarrollo para
Pakistán, Diario Pakistaní de Economía Aplicada, Filosofía y Asuntos
Públicos, Elección Social y Bienestar, Teoría y Decisión y
Negocios en el Mundo Contemporáneo. Miembro Mayor - Sociedad de
Miembros de la Universidad de Harvard
Obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1998 por sus
contribuciones a la economía del bienestar.
Entre su bibliografia tenemos:
Nuevo examen de la
desigualdad, Sobre ética y economía, Bienestar, justicia
y mercado, Desarrollo y libertad, Elección
colectiva y bienestar social, etc.

Dudo
mucho que sea un buen momento para adoptar el euro
Por
Pavlos Papadopoulos
El economista indio Amartya
Sen, de 64 años, fue galardonado el pasado miércoles (14 de
octubre) con el Premio Nobel de Economía por sus trabajos sobre el
hambre en el mundo y la relación entre la democracia y la satisfacción
de las necesidades básicas de los seres humanos. Casado en terceras
nupcias, Sen ha sido profesor en universidades de Asia, América del
Norte y Europa. Actualmente enseña en el Trinity College, de la
Universidad de Cambridge, en el Reino Unido.
¿Se puede predecir el
futuro del mundo con facilidad?
Es muy difícil saber la
tendencia actual de la economía. Creo que sus problemas son muy
serios. Nos encontramos en un momento muy difícil, por tres motivos. En
primer lugar, Estados Unidos no está en situación de dirigir el mundo,
porque está demasiado ocupado en sus propios problemas de liderazgo. En
segundo lugar, la magia de Japón parece haberse desvanecido bastante.
Se ha criticado su estructura económica, y el conjunto de su economía
ha sufrido mucho. En tercer lugar, llevábamos 10 años creyendo que el
Lejano Oriente iba a seguir creciendo al margen de lo que sucediera en
el resto del planeta. Hoy día, el Lejano Oriente está en peor situación
económica que ninguna otra región del planeta.
¿Cree que, a pesar de
todo, el mundo conseguirá evitar una crisis general?
Creo que no se capta
verdaderamente la naturaleza de la crisis, y estoy de acuerdo con
quienes piensan que, sin una política pública firme a escala
internacional, podemos encontrarnos con enormes dificultades.
El Fondo Monetario
Internacional se crea para intervenir en un mundo en el que las divisas
dependían unas de otras y los Gobiernos controlaban los capitales. ¿No
cree que, en el mundo actual, es una organización pasada de moda?
No, no me parece que el FMI esté
anticuado. Soy gran defensor del FMI. Creo que es muy necesario para la
estabilidad. Al mismo tiempo, creo que es precisa una mayor integración
de su función más importante, que es la de estabilizar a corto plazo.
No obstante, insisto en que el papel de los responsables mundiales en
materia de economía y finanzas consiste en combinar el problema de la
estabilización a corto plazo con el trabajo a largo plazo, por un lado,
y la protección de los más vulnerables, por otro. Desde ese punto de
vista, reconozco que mi posición es mucho más próxima a la del
presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, que pone gran énfasis
en la necesidad de redes de protección social que protejan a los
pobres, además de poner en marcha programas de fomento de la
democracia.
Se trata de cuestiones
fundamentales en el mundo actual. Mi opinión se acerca más a la de
Wolfensohn, pero no creo que el FMI resulte redundante ni que cometa
errores. Y lo digo porque el papel del Fondo es muy difícil. Tiene que
obtener dinero del Congreso estadounidense y utilizarlo para causas con
las que quizás ese Congreso no simpatiza demasiado.
¿Comparte la opinión de
que la economía ya no es lo que era, porque en estos tiempos está
dominada por los especuladores?
Hasta cierto punto, la economía
siempre ha estado dominada por los especuladores. El capital financiero
cuenta mucho. La especulación es uno de los principales rasgos que
caracterizan la economía de mercado desde hace muchas décadas. No es
algo peculiar que haya aparecido recientemente, aunque, desde luego,
tiene más presencia.
¿Había pensado usted que
las inversiones de alto riesgo acabarían produciendo un derrumbe?
No sabía si esa conducta iba a
producir una caída. Por otro lado, desde un punto de vista personal,
siempre me he sentido muy escéptico respecto a entrar en el mercado de
alto riesgo. Me he mantenido apartado de los fondos de cobertura. He
preferido inversiones más normales, más relacionadas con la producción
industrial. Aunque en términos políticos se me considera de
izquierdas, cuando se trata de inversiones, en realidad, soy un gran
conservador.
Sin embargo, ¿se siente
optimista en las circunstancias actuales?
Ser optimista o pesimista depende
de que la gente comprenda la importancia del problema y asuma las
iniciativas necesarias para obtener soluciones. Lo que necesitamos son
dos cosas: políticas públicas y liderazgo. Si la situación fuera
buena, no me preocuparía. Pero, en este momento, los problemas que he
descrito al principio ocupan un lugar importante. Además, observo un
desequilibrio relativo en las prioridades económicas europeas. Por
desgracia, a Europa le preocupa más la estabilidad monetaria que
reducir las tasas de desempleo.
¿La adopción del euro es
una política acertada?
Es una cuestión interesante,
porque soy gran defensor de la unidad europea. Cualquier cosa que
promueva la integración de la Unión Europea debe considerarse de lo más
importante. Todas las políticas concretas relacionadas con la integración
poseen, sin duda, un valor definitivo, y entre ellas incluyo la moneda
común. No obstante, todo eso no lo digo como economista. Porque, como
economista, tengo enormes dudas sobre si éste es un buen momento para
que Europa adopte la moneda común.
Dudas
¿De dónde proceden esas
dudas?
Sobre todo, de dos cosas muy
claras. La adopción de la moneda común reduce bastante las opciones de
cada Gobierno cuando tenga que afrontar problemas como el aumento del
desempleo o una depresión temporal. Por ejemplo, el ajuste de los tipos
de cambio es una de las maneras de graduar la marcha de la economía. El
uso de la moneda común elimina esa posibilidad. Además, disminuye las
oportunidades de elaborar una política pública, y ésa, a mi juicio,
es una gran pérdida. Porque en Europa hay muchas cuestiones de política
económica que no se han abordado, incluyendo el problema del desempleo
que, para empezar, es muy elevado y, en segundo lugar, varía entre un
país y otro. Ése es uno de los motivos. El otro tiene que ver con las
prioridades del Banco Central Europeo.
¿Cree que son
desacertadas?
El funcionamiento de la política
monetaria común va a depender, en gran medida, de la dirección del
Banco Central Europeo. Como es bien sabido, los funcionarios del BCE han
considerado hasta ahora, en general, que su principal tarea es lo que
denominan "estabilidad monetaria". En otras palabras,
prefieren mantener baja la inflación en vez de reducir el índice de
desempleo. Sin embargo, me parece que necesitamos dar mucha más
prioridad a la disminución del paro, y no centrar nuestra atención de
forma tan unívoca en evitar la inflación. La diferencia fundamental
entre las prioridades económicas de Europa y de Estados Unidos es
precisamente ésa. Estados Unidos está más preocupado que Europa por
disminuir el desempleo. Y creo que tiene bastante razón.
La impresión general es
que el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, se interesa
sobre todo por la lucha contra la inflación. ¿Es una impresión
equivocada?
Sí. Cuando Greenspan habla en
Estados Unidos parece, muchas veces, que sólo le preocupa la inflación,
pero no es así. Voy a destacar algo que no suele tenerse en cuenta. Hay
una diferencia muy importante entre los estatutos de la Reserva Federal
y los del Banco Central Europeo. La Reserva Federal ha tenido, desde el
principio, dos objetivos, mantener baja la inflación y mantener bajo el
nivel de paro. Mientras que, según el Tratado de Maastricht, el Banco
Central Europeo tiene un objetivo primordial, la estabilidad monetaria,
lo cual significa mantener una inflación baja. Y eso hace que el
sistema bancario europeo está mucho más predispuesto en una sola
dirección que el de la Reserva Federal.
Muy proeuropeo. ¿Cree que
la política económica de Estados Unidos está por encima de cualquier
crítica?
¡No, en absoluto! Hay muchos
aspectos que se pueden criticar. El olvido de las redes de protección
social es tan desafortunado como el tratamiento de la pobreza. Y lo más
desafortunado es el abandono del sistema de salud. El hecho de que más
cuarenta millones de estadounidenses carezcan de seguro médico es una
situación desastrosa. En Europa, algo así sería intolerable. En
cambio, los niveles de desempleo que se ven en Francia, Italia y
Alemania -por no hablar de España-, son extraordinariamente altos. No
creo que ningún Gobierno norteamericano pudiera sobrevivir con una tasa
de paro del 10%, el 11% o el 12%. En Estados Unidos no se tolera el
desempleo.
¿Usted se opone a la
moneda única europea?
Como he dicho, soy muy proeuropeo.
Así que el hecho de que la moneda única europea favorezca la causa de
la integración me parece un factor muy positivo. No obstante, temo que
la pérdida de libertad sobre las políticas públicas y sobre la
modificación de los tipos de cambio constituya un factor negativo. Es
posible que algunos Gobiernos se den cuenta, en el futuro, de que fue
una pérdida desafortunada.
¿Apoya la idea de la
"tercera vía"?
No sé qué significa la
"tercera vía", y no querría comentar la cuestión. Porque prácticamente
cualquier política económica que se propone hoy día implica una
mezcla. Toda perspectiva económica incluye concepciones de la economía
de mercado y, además, el papel del Gobierno, el papel de los partidos
políticos, el de los medios, y así sucesivamente. De modo que, en
cualquier caso, es una vía literalmente mixta, y las vías mixtas no
tienen por qué ser terceras. Quizá hay gente que tiene alguna idea
específica cuando habla de "tercera vía", pero yo no la
entiendo por completo.
¿Quizá es que
"tercera vía" no es más que un buen lema?
No me parece que la "tercera
vía" sea un buen lema. Creo que es una cosa algo misteriosa. Da la
impresión de referirse a un modelo bien desarrollado. Pero yo no
conozco ningún modelo de "tercera vía" bien desarrollado. Lo
que vemos en el mundo actual es que las políticas económicas, en
ciertos casos, tienden más hacia el mercado libre, mientras que en
otros tienden más hacia la intervención del Estado. Pero, en cualquier
caso, siempre existe un intento de combinar elementos para lograr un
equilibrio. Hay un espectro, sin duda, en el que uno debe situarse. Pero
añadir un concepto como el de "tercera vía", a mi juicio, no
ilumina demasiado.
¿Existe sitio todavía, en
el mundo actual, para la izquierda y la derecha?
Sí, creo que, en el contexto de
ciertas políticas, tiene sentido preguntar si es una política de
izquierda o de derecha. Sin embargo, aunque la división entre izquierda
y derecha sigue siendo importante y significativa, considero que no es
la única importante.
¿Hay otra división tan
importante como la que se produce entre izquierda y derecha?
Desde luego. Es la división
entre democracia y no democracia. Ésa es la división fundamental en la
actualidad. En mi opinión, algunos de los grandes fracasos del mundo se
han producido por la falta de democracia. China, por ejemplo, ha tenido
grandes éxitos en los últimos tiempos respecto a sus objetivos económicos.
Posee uno de los comportamientos económicos más logrados y, sin
embargo, ha sufrido la mayor hambruna que se conoce en la historia.
Entre 1957 y 1961 murieron 30 millones de personas. La causa de la
hambruna fue, sin duda, una política equivocada, una política que
fracasa, pero que no pudo cambiarse durante tres años porque nadie se
atrevía a desafiar al Gobierno. En los países no democráticos no
existen partidos de la oposición ni prensa libre. No se habla de la
hambruna fuera del país, pero tampoco dentro. En cada pueblo había
gente que se moría, pero no sabían que el hambre afectaba a toda
China. Algo así es impensable en una democracia. Lo mismo se puede
decir de África, donde existe una gran relación entre hambruna y falta
de democracia. Resulta interesante que los países que no son
dictatoriales, como Zimbabwe o Botswana, a pesar de tener grandes
problemas de alimentación, no han sufrido jamás una hambruna. La falta
de democracia agrava aún más las desigualdades.
Desigualdad
¿La desigualdad es una
cuestión del entorno?
Desde luego, puede decirse que el
entorno es uno de los factores que más influyen en la desigualdad. Creo
que influye en la desigualdad.
¿Qué le hizo ser
economista?
Nací en India, donde hemos
tenido numerosos problemas económicos. Así que no creo que necesitara
muchas excusas para dedicarme a la economía, porque daba la impresión
de que eran unos problemas enormemente importantes en mi época. Cuando
era niño, cuando tenía nueve años y medio, tuve la desgracia de
presenciar una hambruna en nuestra región. Murieron casi tres millones
de personas. Pasé por la experiencia de ver a seres humanos atacados
por el hambre y la enfermedad, muriendo a millares. Y fue una
experiencia que me afectó tremendamente, que influyó cuando empecé a
pensar qué dirección seguir. Más adelante, cuando ya era economista
de profesión, tuve la oportunidad de estudiar la hambruna y escribir un
par de libros sobre el tema.
¿Procede de una familia
acomodada?
¡No! Mi familia era de clase
media baja, en cuanto a prosperidad económica. Sin embargo, en cuanto a
la situación intelectual, era una familia privilegiada, porque mi padre
era profesor de química, era muy conocido, y mi abuelo era profesor de
sánscrito y también muy conocido. La gente reconocía mi apellido.
Desde la infancia estuve muy seguro de que quería ser profesor. Nunca
pensé en ser nada más.
Sin embargo, ¿tuvo usted
dudas sobre hacerse economista o ser alguna otra cosa?
Al principio no estaba seguro de
lo que quería hacer, porque me sentía dividido. Me interesaba mucho el
sánscrito. Estaba verdaderamente indeciso entre el sánscrito, la física,
las matemáticas y la economía y los problemas sociales. Me gustaba
mucho la física y creo que habría vivido muy bien siendo físico. Pero
me di cuenta de que mi vida sería más completa si intentaba hacer económicas.
A usted se le concede el
Nobel en nombre de los más desfavorecidos del mundo. ¿Cree que la
atención que el premio suponga para su trabajo puede influir en que el
mundo se haga más humano y menos capitalista y agresivo en vísperas
del nuevo milenio?
Sería muy arrogante por mi parte
decir eso. Porque, después de todo, el Nobel es un premio que conceden
unos académicos suecos. Aunque, desde luego, la necesidad de que se
preste más atención a los desfavorecidos es abrumadora, debería ser
totalmente independiente de cosas o sucesos como este premio.
Próximamente va a publicar
dos libros: Development as freedom y Freedom, rationality and social
choice . ¿Cuáles son sus temas esenciales?
En Development as freedom
pretendo, sobre todo, comprender el proceso del desarrollo económico,
no como crecimiento de la renta per cápita ni nada parecido. La cuestión
principal es saber que la libertad humana es lo más valioso que
poseemos y que el desarrollo es un proceso de expansión de esa
libertad. Freedom, rationality and human choice estudia
aspectos técnicos de cómo evaluar la libertad, cómo medirla y
compararla. Es más técnico, pero está muy relacionado con el
anterior. Ambos libros están muy relacionados.
¿Se siente el hombre más
feliz del mundo?
Hay mucha infelicidad en el
mundo... Me alegro mucho de obtener el premio y me alegro de que el
Nobel dé importancia a este tema, el hecho de que la gente pueda
analizar los problemas de los desposeídos. Pero me da miedo ser
demasiado feliz. No estaría bien, en este mundo tan desgraciado en el
que vivimos.
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