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Anthoy Giddens
(1938) |
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Giddens nació en el Reino Unido
el 18 de Enero de 1938 en una familia de clase media baja en el norte de
Londres, y fue el primer miembro de su familia en ir a la Universidad.
Actualmente está casado y tiene dos hijos. Sus estudios de filosofía
los realizó en la Universidad de Hull y en la London School of
Economics –que dirige desde 1997-, cuando eran focos de la
ultraizquierda en la década del `60. En 1976 fue admitido como profesor
en Cambridge, pero durante sus 15 años allí fue nueve veces rechazado
para una promoción. Algunos lo atribuyen a su origen humilde.
Desde 1997 es director de la
London School of Economics and Political Science. Se le ha concedido,
entre otros premios, el Premio Principe de Asturias de Ciencias Sociales
2002.
Es autor de 31 libros y más de 200 artículos publicados en 29 idiomas.
Más allá de popularizar la idea de la tercera vía, Giddens
ha desarrollado la teoría de la “estructuración”, que consiste en
comprender la relación entre los individuos y las condiciones que los
rodean. “Deberíamos ver a la sociedad como una serie de actividades y
prácticas que la gente lleva a cabo, pero que al mismo tiempo
reproducen a grandes instituciones”, señala.
La idea de encontrar una tercera vía
en política está siendo ampliamente debatida en Europa, EE.UU. y América
Latina. ¿Pero qué es la Tercera Vía? Los defensores de la teoría no
han sido capaces de ponerse de acuerdo, y sus detractores rechazan del
todo la noción. Pero Giddens muestra que desarrollar la tercera vía
en la política moderna no es sólo una posibilidad sino una
necesidad, y representa le renovación de la socialdemocracia en un
mundo en que las ideas de la vieja izquierda han quedado obsoletas,
mientras las de la nueva derecha son inadecuadas y contradictorias.
Un nuevo programa socialdemócrata
está surgiendo: es sólido, de largo alcance y puede reavivar el
idealismo político. Anthony Giddens se propone responder a este desafío
desde el inicio de sus planteamientos teóricos; su obra se desarrolla
según un itinerario que asume una doble estrategia: suprimir el
dualismo entre estructura y acción y revitalizar el pensamiento social
crítico en contra de lo que denomina “el consenso ortodoxo”.
Tanto el funcionalismo y el estructuralismo como las teorías
accionalistas son fuertemente criticadas por Giddens, que considera que
las primeras dejan poco espacio a la acción transformando a los agentes
en meros soportes de las estructuras, mientras las segundas privilegian
al actor pero olvidan los condicionamientos de las propiedades
estructurales de los sistemas sociales. Su teoría de la estructuración
está constituida alrededor de la idea del carácter fundamentalmente
repetitivo de la vida social y diseñada para expresar la dependencia
mutua de la estructura y el agente en términos de espacio-tiempo. Ello
significa que las prácticas sociales ubicadas en un espacio y tiempo se
hallan en la raíz de la constitución tanto del sujeto como del objeto
social.
En medio de su discurso moderado,
Giddens define la estructura como la articulación de reglas y recursos
implicados de manera recursiva en la producción de las prácticas
sociales. Por lo tanto, la estructura es a la vez un instrumento
utilizado por actores en contextos especificables y el resultado de la
reproducción de las prácticas. Sostiene Giddens que las propiedades
estructurales existen sólo en la medida en que la conducta social es
reproducida recurrentemente en el espacio y el tiempo. Las instituciones
son los rasgos más duraderos de la vida social; así, hay formas
institucionales que se extienden por inmensos recorridos de espacio y
tiempo conformando sistemas sociales.
Importa entonces subrayar, en
consonancia con lo expuesto, la crítica de Giddens a la teoría social:
Esta es incapaz de considerar adecuadamente el papel que desarrollan los
actores y su relación con las instituciones en la transformación y
reproducción social; presenta un tratamiento inadecuado del poder y
teorización distorsionada del tiempo y del espacio y, con ello, del
cambio social.
El énfasis en la reformulación
de la teoría social que Giddens propone resulta esencial dentro de su
modelo interpretativo, ya que considera que la Teoría, en tanto
registro reflexivo de la vida social, tiene un impacto práctico sobre
su objeto de estudio; ello significa que la relación entre Teoría y su
objeto ha de entenderse en términos de una doble hermenéutica: el
desarrollo de la teoría es dependiente de un mundo preinterpretado en
el que los significados desarrollados por sujetos activos entran en una
construcción o producción real de ese mundo; condición ontológica de
la sociedad humana tal como es producida y reproducida por sus miembros.
A la vez, el científico social debe ser capaz de “comprender”
penetrando en la forma de vida cuyas características quiere explicar.
Giddens ha expresado ciertas
frases en su última visita a la Argentina tales como “El
neoliberalismo está muerto”, “El mundo no necesita menos sino más
gobierno” y “las naciones siempre serán más poderosas que las
corporaciones”. En conjunto, todas estas ideas componen una teoría
que, él asegura, “no es el punto medio entre el socialismo a la
antigua y la filosofía del libre mercado, sino un llamado a
reestructurar las doctrinas de la socialdemocracia para que respondan a
la doble revolución de la globalización y de la economía del
conocimiento.” Podemos observar que el autor plantea la
necesidad de repensar el fenómeno de los Estados nacionales, del poder
militar y de la violencia; en cuanto al concepto de “explotación”
circunscrito a la venta de la fuerza de trabajo, resulta estrecho en
relación con fenómenos como la explotación étnica o sexual.
Entre sus libros más recientes destacan: Consecuencias de la
modernidad, Modernidad e identidad del yo, La transformación de la
intimidad, Sociología, Más allá de la izquierda y la derecha, In
Defense of Sociology y La tercera vía: la renovación de la
socialdemocracia.
La tercera vía ha sido ampliamente debatida por autoridades académicas
y políticas de todo el mundo.
Su último libro “On the Edge”
incluye un fuerte debate con Will Hutton, el otro pensador del nuevo
Laborismo y creador del concepto de “Capitalismo de participación”.
Podemos afirmar que sus últimas producciones apuntan al desarrollo de
una política de vida interesada en la realización del yo tanto
individual como colectivo y que surge a la sombra de la política
emancipatoria.
Una de las cuestiones por lo que más
se lo critica es por su acercamiento a las grandes esferas del poder.
Jefes de gobierno y de Estado de todas partes del mundo acaban de
reunirse en Berlín llamándose a sí mismos seguidores de la tercera vía.
Según Giddens se podría hablar de una internacionalización de su teoría;
“todos los gobiernos de centroizquierda en Europa están aplicando
esencialmente los mismos principios. Yo sé que no todo el mundo quiere
hablar de la tercera vía pero si hablamos de una agenda modernizadora,
que rompe con las tradicionales preocupaciones de la izquierda y al
mismo tiempo quiere aplicar valores sociales a un mundo en cambio,
entonces sí podemos decir que la mayoría de los gobiernos socialistas,
por lo menos en Europa, comparten el mismo lenguaje.”
Vemos que esto se refleja en el
accionar de los gobiernos de Europa: Todos están flexibilizando el
mercado laboral, pero al mismo tiempo se cuidan de no dañar los
recursos humanos, garantizan un salario mínimo, buscan reformar el
Estado de bienestar sin abolirlo y tratan de encontrar un balance entre
la participación pública y privada. No importa si se llama Blair o
Schröeder, las políticas son parecidas.
Una de las cuestiones que la
tercera vía predica tanto en EE.UU. como en Europa es que no pueden
incrementarse los impuestos sin tener en cuenta antes su impacto,
tanto económico como social. Esto significa que, a veces, en “el
interés de la justicia social hace falta bajar los impuestos y no
subirlos”.
En cuanto al papel del Estado,
Giddens afirma que “debe ser muy activo” -y recalca- “que en
su accionar tradicional ha probado ser poco efectivo”. En América
Latina los Estados hiperburocráticos y corruptos han servido poco a los
ciudadanos; por lo que considera necesario hacer una remodelación de
los actuales Estados para que vuelvan a ser poderosos, pero de forma
distinta: “tiene que ser más abierto, más transparente, permitir a
las mujeres alcanzar puestos de poder, tratar a los ciudadanos como
clientes y no como súbditos”.
Según el autor, su teoría se
aleja del neoliberalismo, que considera al mundo como un gran mercado:
todo se mide mediante valores comerciales y la gente vive expuesta a las
inseguridades del mercado. Giddens, por su parte, cree que hace falta
una sociedad civil bien constituida y, por otro lado, afirma que la
tercera vía aboga por la regulación del flujo de los capitales y la
creación de una Autoridad Financiera Mundial. “Estamos convencidos de
que las finanzas tienen que ser reguladas justamente para proteger la
libertad de los mercados y el control de capitales es esencial para
mantener los mercados abiertos tanto para bienes como para servicios.
Esto nos aleja muchísimo del Laissez faire de los neoliberales. Tenemos
que tomar la globalización en serio, considerarla una simple fatalidad
frente a la cual hay que actuar.”
Para Giddens no hay un
derrumbamiento de un Estado-nación a causa de la globalización; cree
que aquellos son mucho más fuertes que las corporaciones. Las naciones
controlan el acceso a la ley, al territorio y a las fuerzas armadas. En
contraposición de las corporaciones que no disponen de ninguno de estos
atributos. “Hoy puede decirse justamente lo contrario: ésta es la
primera vez que el Estado-nación tiene un papel importante. Hasta ahora
teníamos imperios, como el soviético, al cual respondían muchas
naciones. Pero ahora cada nación quiere ser un Estado. Es esto lo que
está alentando a los nacionalismos. Si el Estado-nación estuviera en vías
de extinción, nadie querría constituirse en uno.”

La
izquierda tiene que dominar los temas de la derecha para ganar
Por
Berna G. Harbour
Anthony Giddens creó la
tercera vía, la doctrina con la que Tony Blair reformó el Partido
Laborista británico y obtuvo la enorme victoria que aún le mantiene en
el poder. En un momento de avance de la derecha en Europa, de fracaso de
los socialistas en Francia y mientras crece la vulnerabilidad de Gerhard
Schröder en Alemania, Giddens presenta aquí la fórmula mágica que
cree que ha dado a Blair la clave de su éxito: la izquierda debe asumir
los temas que preocupan al ciudadano, darles una solución propia y no
dejar ni un milímetro de ellos a la derecha. Sólo así, dice Giddens,
el centro-izquierda puede triunfar: temas como la competitividad económica,
la inmigración o el crimen, tradicionales de la derecha, deben ser
arrebatados con éxito por la izquierda. 'Y entonces, ganas', asegura.
Giddens viajó esta semana a Madrid para promocionar los cursos de la
London School of Economics, que dirige, y que ya cuenta con 400 alumnos
en España.
Pregunta. ¿Cuál
fue el error de Lionel Jospin?
Respuesta. No
hizo muy bien su campaña. Cometió errores en la presentación de su
campaña. Y también cometió errores de política. Tenía una coalición
en la que era difícil tomar las decisiones políticas, y Francia
esencialmente necesita más reformas del mercado de trabajo de las que
consiguió el Gobierno. A pesar de que logró reducir los niveles de
desempleo, hay aún un nivel sustancial de paro estructural,
especialmente una gran cantidad de paro juvenil que no ha sido capaz de
cambiar. Si los socialistas logran volver al Parlamento en las
elecciones legislativas de junio, deben progresar en estas cuestiones de
verdad, y, obviamente, en el tema de la inmigración, que es una gran
cuestión para la izquierda en toda Europa. Pero en las elecciones
presidenciales de Francia, lo que ocurrió sobre todo fue que los
votantes de izquierda se dedicaron a jugar, y fueron víctimas de sus
propios juegos. Pensaron que Jospin iba a ganar de todas formas en la
primera vuelta, así que decidieron divertirse votando a otros partidos,
con unas consecuencias que nadie quería en realidad.
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'La
generación actual de jóvenes es liberal en cuestiones
sociales, no quiere volver al modelo de Estado que defendió la
izquierda tradicional'
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'El
papel de los sindicatos debe ser luchar por la protección del
trabajador en el cambio tecnológico, no insistir en una
estructura de trabajo ya inexistente'
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P. Todo eso
es cierto, pero también es cierto que Europa está girando hacia la
derecha.
R. Hay que
tener cuidado con eso. En primer lugar, ha habido mucha histeria en
torno al señor Le Pen, y creo que hay que relacionar el auge de la
extrema derecha, esencialmente, con el tema de la globalización.
Están creciendo grupos, tanto a la derecha como a la izquierda, muy
hostiles a la globalización, que comparten muchas similitudes. En
la extrema derecha de todo el mundo tienes gente que quiere
proteccionismo económico y proteccionismo cultural, y éste adopta
la forma de la xenofobia. Esto ocurre en Australia, ocurrió con
Ross Perot en Estados Unidos, no es un fenómeno actual. Encuentras
hasta un 25% de votos de ultraderecha en algunos lugares de Europa
en los últimos 10 años, así que no hay que exagerar el impacto de
Le Pen en Francia. Si hablamos del auge de la derecha más moderada,
hay circunstancias que favorecen ese éxito, además de los
elementos políticos. Cuando los socialistas volvieron al poder en
11 de los 15 países europeos, eso no era porque hubiera un giro a
la izquierda entre la gente, sino en parte porque los partidos de
centro-izquierda, como el Partido Laborista británico,
reestructuraron sus doctrinas para dirigirse a un electorado más
amplio. Y en parte fue debido a una serie de circunstancias. En
Inglaterra, la gente estaba harta de Margaret Thatcher; en Alemania
estaban hartos de los democristianos. Así que hay muchas cuestiones
tácticas y estratégicas en el asunto, no sólo la división ideológica.
No creo que haya una corriente general en Europa de derechas más
que la que hubo hace siete u ocho años de izquierdas. La cuestión
para la izquierda es asegurarse de que continúa la modernización
ideológica y al mismo tiempo continuar pensando tácticamente,
porque el problema tradicional de la izquierda han sido las
divisiones, las fragmentaciones, y eso ha mantenido a la izquierda
fuera del poder. Mucho dependerá de varias circunstancias. Es
posible que la izquierda siga en el poder en el Parlamento en
Francia, que gane. Y el Nuevo Laborismo está en buena situación.
Así que, si eso ocurre, el mapa ideológico de Europa no cambiará
tan radicalmente. Hay que tener en cuenta estas cosas. El principio
general de que 'unidos, ganas; divididos, pierdes' es importante
para la izquierda. Eso importa tanto como lo ideológico. Sabemos cuáles
son los grandes temas ideológicos, pero es un poco difícil para la
izquierda adaptarse a ello. Hay que amoldarse positivamente a ello:
la inmigración, el paro, la identidad cultural de las naciones...
P. Usted
defiende una política dura en inmigración. ¿Cuál es su
propuesta?
R. Hay que
reconocer que la mayoría de los países europeos -y creo que
Inglaterra es una excepción a esto- no están preparados para
recibir grandes avalanchas de inmigrantes. No son como Norteamérica
o Australia, que son esencialmente sociedades inmigrantes. Europa
siempre ha exportado personas, más de las que ha acogido, así que
tienes que tener una política de inmigración razonablemente
cuidadosa. Pero una vez que admites a los inmigrantes, tienes que
tratarlos bien. Muchos países europeos no tienen una política
clara en ninguno de los dos aspectos. Si observas las mejores políticas,
como la de Canadá, que ha tenido una política con éxito, verás
que ha asimilado grandes olas de inmigrantes, teniendo cuidado con
el tipo de gente que está aceptando; les trata bien, reconoce sus
valores... Éstas son cosas que los países europeos no han hecho.
P. Usted está
de acuerdo con limitar el número de inmigrantes.
R. Es obvio
que hay que limitar el número.
P. ¿Por
cualificación, por origen...?
R. Yo estoy a
favor de un criterio más amplio de recepción; no sólo tener
inmigrantes por sus cualificaciones, hay que aceptar una gran
diversidad. Un país debe establecer sus límites generosamente,
pero el asunto es asegurarse de que les vas a tratar bien una vez
que les has aceptado, y que les puedes acoger, que puedes dotar de
cambios tu sistema educativo, que tienes posibilidades de incorporar
otros idiomas a la educación. En el Reino Unido hemos tenido mayor
experiencia que muchos países europeos y conocemos tanto los
problemas como las ventajas de la inmigración. Sabemos que la
inmigración es una fuerza económica positiva para una sociedad y
sabemos que muchos temores de la población no están fundados. Y al
mismo tiempo tienes que reconocer que las inquietudes están ahí y
no puedes hacer como si no estuvieran. Tienes que encontrar una
forma razonable de afrontarlo.
P. Pensábamos
que el problema eran los nuevos inmigrantes que llegan matándose en
pateras, y resulta que nos levantamos un día y encontramos que en
Oldham los ingleses atacaban a los asiáticos ya afincados desde
hace mucho. O que en Francia hay una gran xenofobia contra los
inmigrantes que llevan ya 30 años, o contra sus hijos, nacidos allí
y que no se han integrado aún. ¿No ha sido un shock para la
izquierda?
R. Una
explicación de esto es el racismo. Francamente, los países
europeos no han hecho un buen trabajo para erradicar el racismo.
Mucha gente critica a Estados Unidos por ello, pero Estados Unidos
es más avanzado que la mayoría de los países europeos en el
combate contra el racismo. Y el racismo sí es un asunto de máxima
importancia si consideras, por ejemplo, que los españoles que
fueron a vivir a Francia hace 20 años fueron muy fácilmente
asimilados; pero si eres un negro, si vienes del norte de África,
es mucho más difícil de asimilar. Es una cuestión racista. La única
forma de atacar esto es a través de políticas constantes y de
educación.
P. Volviendo
al tema de la izquierda y la derecha, usted escribió recientemente
que el 50% de la población no es ideológica, no se define como de
izquierda o de derecha. ¿Es el fin de la división clásica entre
izquierda y derecha?
R. No, no
creo que sea el fin de la división, pero de nuevo es una situación
factual. En la mayoría de los países europeos, no hace tanto, la
mayor parte del electorado tenía una filiación política clara y
se intentaba colocar en el espectro según su definición de
izquierda o derecha. Ahora las cosas ya no son así. Hay un menor
nivel de filiación a un partido fijo, la gente quiere elegir un
partido, y el 50% de los europeos no se definen como de derechas o
de izquierdas. Tradicionalmente, la izquierda se ha ocupado de unos
temas, y la derecha, de otros temas. Los jóvenes, por ejemplo. La
generación actual de jóvenes es liberal en cuestiones sociales,
pero no quiere volver al modelo de gran Estado tradicional de la
posición de izquierdas. Así que cualquier partido de izquierda, o
de centro-izquierda, debe tener en cuenta esto, reconocer que así
es el electorado. Eso no significa que izquierda o derecha ya no
tienen significado, sí que lo tienen. No podrías hablar de
desarrollo de la extrema derecha si ya no tuviera sentido el
concepto de izquierda y derecha. Lo tiene. Pero ya no está tan
relacionado con ideas tan claras o utopías en ninguno de los dos
lados. Ya no tienes una utopía realista en la izquierda, como la
que había antes de 1989, así que es obvio que estas divisiones ya
no tienen la importancia que tenían en el pasado.
P. Si Gerhard
Schröder pierde en las elecciones de septiembre en Alemania, si el
Partido Socialista Francés pierde en las elecciones legislativas de
junio, prácticamente ya sólo quedará Blair. ¿Por qué se ha
salvado la socialdemocracia en Inglaterra? ¿Es la tercera vía?
R. En parte,
sí, porque los cambios que hizo el Nuevo Laborismo le permitieron
alcanzar un electorado más amplio. Mucha gente que jamás había
votado a los laboristas, lo hizo, y eso es gracias a esos cambios.
Pero una parte sustancial de la fuerza del Nuevo Laborismo se debe
al sistema bipartidista y a la desmoralización de los tories. Si
volvemos a la cuestión de 'unidos, ganas; divididos, pierdes', en
el Reino Unido la derecha está completamente dividida sobre el
euro, y la izquierda no está tan dividida. Eso actúa en favor del
Partido Laborista. Es una cuestión que está haciendo historia. Los
laboristas pueden conseguir el tercer mandato en el poder. Es un
gran hito en la historia.
P. ¿Qué
opina del nuevo líder de los tories, Ian Duncan Smith? ¿Cree que
podrá conseguir esa unidad?
R. No. No
creo que el líder actual pueda lograrlo. Ningún líder puede
conseguirlo porque hay una división estructural entre los tories
sobre el euro muy profunda. Intentan resolverlo moviéndose a la
derecha, pero pierden muchos votos con ello. Una de las cosas que ha
hecho el Nuevo Laborismo es ocupar un territorio que solía
pertenecer a los tories. Una de las guías filosóficas del Nuevo
Laborismo, que apoyo y a lo que he intentado contribuir, es que no
dejas ningún asunto a la derecha. No dices: éstos son asuntos de
la derecha y no tenemos nada que decir. No dejas la inmigración, no
dejas la competitividad económica, no dejas el crimen a la derecha.
Buscas soluciones de centro-izquierda a problemas de la derecha. Así
que cuando Blair habla de lo que quiere hacer con el crimen es muy
diferente de lo que decía el laborismo tradicional, que era: el
crimen es resultado de la desigualdad. ¡Vete al infierno con la
desigualdad! Y la derecha tradicional se centraba en el castigo. El
Partido Laborista ha intentado tener una política efectiva de
rehabilitación y parece que ha tenido éxito, así que es
importante asegurarse de que tienes una política de
centro-izquierda en cada asunto, y es importante no permitir a la
derecha que domine ningún asunto. Y entonces ganas en tu área de
centro-izquierda y neutralizas a la derecha en las áreas en que es
fuerte. Y ganas por ti mismo. Eso es lo que ha hecho el Partido
Laborista.
P. ¿Debemos
preocuparnos por el avance del Partido Nacional Británico (BNP), la
ultraderecha británica, en las recientes elecciones municipales?
[Lograron un 27% de los votos en algunos barrios de Oldham, aunque
sin escaños, y un 14% de votos en Burnley, con tres escaños].
R. Sí,
debemos hacerlo igual que debemos preocuparnos por los resultados de
la extrema derecha en toda Europa: es la combinación de xenofobia,
racismo, intolerancia al cosmopolitismo. Estas actitudes están
extendidas en el Reino Unido, y el BNP tiene oportunidad de
conseguir algún poder a través de esos escaños municipales. No es
una fuerza nacional como en otros lugares de Europa, en ese sentido
no es una gran fuente de preocupación. Al menos de momento.
P. Tras la
victoria que alcanzó Le Pen en la primera vuelta, al lograr pasar a
la segunda, Schröder sugirió que tal vez hay que frenar el proceso
de ampliación de la Unión Europea. Ir más despacio.
R. No estoy
de acuerdo. Creo que hay que impulsar la ampliación. El compromiso
por la ampliación es ya un hecho y hay que ir rápido. Los temores
de algunas personas no responden a la realidad. Algunos sí y otros
no. Si vuelves a la época en que entraron España y Portugal, mucha
gente tenía los mismos temores en el norte de Europa, temía la
entrada de tanta gente no cualificada; pero esto no ocurrió, y lo
que ocurrió fue que muchos inmigrantes volvieron a casa desde el
norte de Europa. Así que puedes anticipar algo similar si la
ampliación se efectúa. No estoy de acuerdo con ir más despacio,
sino con ir adelante.
P. ¿Se
siente aún cercano a Blair? ¿Cree que está haciendo lo correcto
para cumplir con su promesa de justicia social, de mejorar los
servicios públicos?
R. Yo no soy
un asesor formal de Tony Blair, no hablo en su nombre, sino por mí
mismo. Pero el punto clave para cualquier partido de
centro-izquierda de hoy es cómo reconcilias la competitividad económica
y la creación de trabajo con la solidaridad social, reconociendo
que no puedes alcanzar ambas cosas por los medios tradicionales. Sólo
algunos medios tradicionales valen todavía. Eso es el programa del
Partido Laborista. Y para hacer esto tienes que lograr primero una
reputación de competitividad económica y después usar eso para
generar los suficientes ingresos como para poner en marcha programas
efectivos de justicia social, de bienes públicos. Y ésa es la
cuestión que están haciendo ahora. Han tenido éxito en estas áreas,
y el test clave será la sanidad. Van a poner dinero en ello y creo
que pueden tener éxito.
P. ¿Por qué
cree que Aznar robó la relación con el laborista Blair, que por
filiación debía ser más cercano al Partido Socialista Obrero Español?
R. Hay que
verlo como una conexión entre dos líderes de dos países europeos.
Dos países pueden formar una alianza efectiva dentro de la Unión
Europea. Eso es importante, y creo que Tony Blair trabaja con Aznar
en ese sentido, independientemente de que sus visiones políticas
sean similares o diferentes. En segundo lugar, creo que comparten
algo de interés común, que es la agenda de Lisboa. Yo comparto la
opinión de que la Cumbre de Lisboa fue la más progresista que ha
producido la Unión Europea, porque por primera vez dio a la UE la
oportunidad de rivalizar con Estados Unidos en el plano económico,
aparte del plano social. Y esa agenda no está completamente
realizada y necesitas alianzas en Europa para impulsarla. Y hoy el
centro-izquierda o el centro-derecha pueden trabajar juntos en áreas
que comparten y en las que pueden colaborar.
P. Sabe que
los sindicatos españoles amenazan con una huelga general en junio.
Hay huelga también en Alemania y ha habido en Italia. Usted ha
tenido un discurso crítico con los sindicatos. ¿Qué opina de
estas convocatorias?
R. No conozco
bien las circunstancias exactas de cada caso, sólo puedo comentar
en términos generales. Pero el modelo actual debe ser distinto del
pasado. Tienes que aceptar que hay un gran cambio tecnológico, y el
papel de los sindicatos debe ser facilitar el cambio tecnológico en
los mercados laborales y no bloquearlo, y la forma de hacerlo es
luchar por la protección de los trabajadores en el momento del
cambio, no insistir en una estructura ya inexistente de trabajos. No
hablo de la americanización del mercado de trabajo, es seguir los
procedimientos que han tenido éxito en países como Dinamarca,
Holanda u otros, donde se ha logrado una buena mezcla de
competitividad económica y protección social.
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