MARGARITA RIVI�RE. EL PAIS 28/01/2001
La escritora francesa, autora de El horror econ�mico, del que ha vendido m�s de un mill�n de ejemplares en todo el mundo, vuelve a la carga cuatro a�os despu�s con Una extra�a dictadura, en el que arremete contra la mala gesti�n de la globalizaci�n y la califica de dictadura an�nima.
"D�a tras d�a
somos testigos del fiasco del ultraliberalismo. D�a tras d�a este sistema
ideol�gico basado en el dogma (o en el fantasma) de la autorregulaci�n de la
econom�a llamada de mercado muestra su incapacidad para gestionarse a s�
mismo, controlar lo que promueve o dominar lo que desencadena. Hasta el punto de
que sus iniciativas, tan crueles para el conjunto de las poblaciones, terminan
por revolverse contra �l por efecto bumer�n (...)".
As� empieza Una extra�a dictadura (Anagrama), el �ltimo ensayo
/ provocaci�n de Viviane Forrester, la escritora francesa que a sus m�s de 70
a�os es un mito para muchos j�venes inconformistas.
Pregunta. En cierta ocasi�n se defendi� de los que dicen que un
novelista no entiende de econom�a asegurando que Shakespeare hoy tambi�n
hubiera escrito sobre ella.
Respuesta. �Es que Shakespeare habla de econom�a en muchas de sus
obras! Habla del poder y hoy hablar�a mucho m�s de ese enorme poder econ�mico.
Balzac tambi�n se dio cuenta de la importancia y el enigma de la econom�a que
marca todos los destinos humanos. Cada uno de nosotros llevamos el sistema econ�mico
pegado al cuerpo.
P. Ser hija de banqueros, tener dinero y despu�s no tenerlo, �facilita
el esp�ritu de rebeld�a?
R. Lo que m�s me afecta es ver v�ctimas, como son hoy los inmigrantes.
Porque yo tambi�n lo fui: te quitan completamente tu identidad y eres alguien
superfluo, sujeto a la indiferencia generalizada. Esto sucede hoy tambi�n en
esta Francia euf�rica. Se dice que hay pocos parados y �hay millones de
personas que viven de forma precaria! Por esto escribo sobre econom�a y con
indignaci�n: se nos coloca ante falsos problemas y no ante los interrogantes
que importan.
P. Por ejemplo.
R. �Por qu� tan poca gente dice lo que piensa? Escrib� otro libro de
pol�tica e historia hace 20 a�os, La violencia de la calma, y me
preocup� mucho porque nadie dec�a lo que yo me atrev� a escribir. Debo
delirar, pensaba, y acabar�n por no hablarme. Cre� que estaba aislada hasta
que sucedi� lo de El horror econ�mico: much�sima gente se daba cuenta
de la impostura, de las mentiras y de la urgencia de ponerse a hablar de todo
eso.
P. No agot� el tema en ese libro. En este segundo precisa m�s.
R. Cuando se habla de globalizaci�n se pretende que la gente est� a
favor o en contra. Es un error confundir globalizaci�n con ultraliberalismo. La
globalizaci�n, respecto a las nuevas tecnolog�as y la posibilidad de la
simultaneidad, puede ser algo estupendo para todos y, adem�s, es irreversible.
El problema est� en c�mo gestionar eso. Y entonces se da como irreversible que
la �nica manera de gestionarlo es la ultraliberal.
P. Es decir, que est� a favor de la globalizaci�n...
R. Por supuesto, es un hecho hist�rico que seguro que se puede gestionar
de muchas formas. Y hay confusi�n porque se cree que lo econ�mico destruye la
pol�tica y no es cierto. Sucede justamente lo contrario: cierto tipo de pol�tica
ultraliberal es la que destruye la econom�a, la econom�a real. La gesti�n de
la globalizaci�n actualmente es totalmente ideol�gica y se pretende lo
contrario. Por lo tanto, si estamos ante una gesti�n ideol�gica nada m�s
normal que ponerla en cuesti�n y discutirla.
P. Est� diciendo algo muy cl�sico: que la econom�a est� politizada y
que la forma de esa politizaci�n es una dictadura.
R. S�, claro. Una dictadura, de tipo estalinista, muy bien camuflada
para que no parezca que es una ideolog�a. Cuando se habla hoy del capitalismo
se tiende a decir que est� m�s all� de la ideolog�a y no es as�.
P. En su libro dice que es una dictadura sin dictador.
R. Es que es una dictadura an�nima mucho m�s dif�cil de combatir. �C�mo
combatir un sistema dictatorial que se basa en la afirmaci�n de que econ�micamente
no se puede hacer otra cosa? El simple hecho de que se piense que no hay
alternativas ya es un resultado de la dictadura. Claro que hay alternativas.
Pero antes hay que tener claro cu�l es el problema.
P. �Alguien se ha sentido aludido con sus libros?
R. He tenido un mont�n de cr�ticas y de adhesiones. Las cr�ticas m�s
duras no criticaban mis argumentos, sino que yo estaba en contra de la
globalizaci�n, lo cual no es cierto. Me gustar�a tener cr�ticas m�s serias
�hasta las podr�a hacer yo misma! Mis propias cr�ticas est�n en el libro
siguiente, que siempre va m�s lejos... En Una extra�a dictadura soy un
poco m�s malvada. Podemos re�r mucho con lo que dicen estos se�ores del Fondo
Monetario Internacional. Entre mis dos libros tambi�n han pasado muchas cosas:
en 1996 no hab�a una opini�n p�blica mundial sensibilizada sobre la mala
gesti�n de la globalizaci�n y hoy es una evidencia que much�sima gente,
reflexiona, toma nota, saca conclusiones, se expresa en Seattle y en otros
sitios. El que mis libros tengan �xito es un hecho pol�tico claro y tambi�n
lo es que determinados l�deres pol�ticos y empresariales me consideran �muy
peligrosa!, ja, ja.
P. �Los libros sirven para cambiar las cosas?
R. En este tiempo ha crecido una conciencia, se han creado asociaciones
de ciudadanos, se han alzado voces numerosas. �ste ha sido uno de mis
principales objetivos: que los parados no se culpabilizaran s�lo a ellos mismos
de su exclusi�n. Pero hay que estar atentos porque nos hemos dormido y, as�,
se ha podido instalar esta pol�tica de hechos consumados.
P. Usted no ha estudiado nada de econom�a.
R. Nada absolutamente. Leo todo lo que cae en mis manos.
P. Y aun as� la escuchan en Davos.
R. Me han invitado, s�, fue una experiencia interesante del poder
actual.
P. Como hija de banquero, tambi�n conoci� el poder de cerca.
R. Conoc� los pasillos, la trastienda. Mi padre nunca me explic� nada,
pero yo estaba internamente en profundo desacuerdo con todo aquello. Y lo vi en
la guerra: vi las consecuencias del poder y del manique�smo que genera. Por
esto me preocupan tambi�n las consecuencias de lo que escribo y de lo que digo,
por eso, quiz�s, he tardado tantos a�os en decidirme a explicar lo que pienso
y tratar de matizarlo al m�ximo.
P. Prec�seme una palabra: �qu� es el progreso?
R. No creo en la noci�n de progreso. �Es que Her�clito pensaba peor
que Bergson? �O que Montaigne es inferior a un escritor actual? La idea de
equilibrio que lleva a huir de las pendientes; las bajadas van siempre muy r�pidas.
Esto es lo que nos pasa ahora: vamos hacia abajo r�pidamente, la especulaci�n
nos pone en peligro. Y decir esto es ser optimista: creer que se pueden cambiar
las cosas. S�lo los conformistas, los que creen que todo est� bien as�, los
que dicen que no se puede hacer otra cosa, los que creen que hay que adaptarse
porque todo es estupendo, son pesimistas. Es el discurso de la dictadura, un
discurso que incluso impide constatar d�nde estamos para que surjan
contrapoderes no delegados. Yo no creo en el para�so, pero s� que nunca hay
nada perdido. Eso ser�a como decir que hay que adaptarse al infierno.