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Pilar Cernuda (1959) |
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Pilar Cernuda empezó a ejercer el
periodismo precisamente cuando Franco iniciaba la recta final de su
mandato, en el año 72. Vivió la agonía de Franco en El Pardo y la
Ciudad Sanitaria La Paz, cubrió los actos de la proclamación del Rey y
las primeras decisiones de Juan Carlos I.
En su ya larga carrera dedicada
a la información política y a la relacionada con la Casa Real, ha sido
testigo de excepción de la aventura apasionante de la Transición. Ha
trabajado en diversos medios periodísticos y actualmente escribe en una
cuarentena de diarios a través de la agencia Fax Press, es contertulia de
Carlos Herrera y Manuel Antonio Rico en Radio Nacional y colabora en TVE,
Cambio 16 y La Razón.
Ha escrito los libros El Presidente - biografía de
Felipe González-; Ciclón Fraga, Todo un Rey - con José Oneto, Pedro J.
Ramírez y Ramón Pi -; Crónicas de la crispación y Aznarmanía, con
Fernando Jáuregui. También con éste último, y con Joaquín Bardavío,
ha publicado Servicios Secretos. Ha escrito, además, La mujer en la
política.
El largo camino hacia la igualdad y, con Margarita Saenz Díez, Los hijos
más deseados, un ensayo sobre la adopción.

''HACE
25 AÑOS, LOS ESPAÑOLES ÉRAMOS IDEALISTAS: ENTRE
TODOS, CONSTRUIMOS EL FUTURO DE ESTE PAÍS''
El
20 de noviembre de 1975, con la muerte de Franco,
terminaban cuarenta años de dictadura y se iniciaba el
camino hacia la democracia. La periodista Pilar Cernuda,
que vivió de cerca aquellos acontecimientos
históricos, los ha plasmado en un libro: "30 días
de noviembre". En él, relata los hechos clave de
la transición y destaca la figura del Rey Don Juan
Carlos como el principal adalid del cambio democrático.
¿Dónde
estaba Ud. aquel 20 de noviembre de 1975 y cómo vivió
la muerte de Franco?
Estaba en la cama. Después de un mes de estar
prácticamente las 24 horas del día, primero en el
Pardo esperando los resultados de las operaciones de
Franco, y luego en La Paz. Y como llevábamos ya 4 ó 5
días de falsas alarmas, pues la noche del 19
pensábamos que sería igual y me fui a casa y cuando me
llamaron estaba profundamente dormida. Pero
inmediatamente me fui a La Paz, claro.
Ud. dice en su libro que la muerte de Franco
provocó preocupación, miedo y tristeza, incluso en los
sectores antifranquistas. ¿Tenían miedo los españoles
de que la situación después de la muerte de Franco
fuese peor?
Había incertidumbre, sobre todo. Yo creo que el
asesinato de Carrero Blanco, año y medio antes, nos
inmunizó un poco, pensábamos que después de aquello
vendrían ‘grandes catástrofes’ y, sin embargo, las
cosas surgieron con cierta normalidad. Llegó un
presidente más duro, que fue Arias Navarro, pero no
hubo convulsión en la calle, que es lo que la gente
temía. Entonces, con la muerte de Franco, hubo una
incertidumbre enorme porque sabíamos que iba a venir un
Rey pero en aquella época no teníamos ni idea de cuál
era su plan político, de cuáles eran sus
capacidades...
Don Juan Carlos no era una persona muy prestigiada.
Los franquistas le creían muy manipulado por su padre,
por Don Juan, y los monárquicos, por su parte, creían
que venía de la mano de Franco. Tampoco se le veía
capacidad de liderazgo y el pueblo no confiaba en él:
le llamaban Juan Carlos, “el breve”, porque pensaban
que no iba a durar, había chistes sobre él... Aunque
luego, claro, demostró lo contrario.
Los jóvenes no podemos hacernos a la idea de
cómo se vivía bajo la represión de Franco. Es
curioso, como cuenta en su libro, que los hijos de
Carrillo no sabían quién era su padre ni conocían sus
propios apellidos.
Es verdad. Ellos vivían exiliados en París y pensaban
que se apellidaban Giscard y hasta que fueron muy
mayores estaban inscritos en el registro del colegio con
ese apellido. Se enteraron cuando acompañaron a sus
padres a un viaje a la URSS y su sorpresa fue enorme
cuando su padre fue recibido como un héroe y le
llamaron por su verdadero nombre Santiago Carrillo,
secretario general del PCE. Ellos se quedaron
estupefactos. Porque claro, en Francia, vivían con
documentación falsa, porque el PC estaba prohibido en
Francia.
¿En qué radicó, según Ud., el éxito de la
transición?
En el Rey. Y lo he sabido ahora. Yo podía tener
admiración por el Rey pero a través de la
documentación que he ido recopilando y de las
investigaciones que hice para escribir el libro pude
averiguar que había cosas nuevas que no nos habían
contado. El mismo día que el entonces Príncipe sabe
que va a ser sucesor empieza a preparar todo para ese
día, por eso fue relativamente fácil la transición,
porque el plan ya estaba diseñado... Además, había
movido ya los hilos entre la oposición y entre el
franquismo para convencerles de que aceptaran ese
proyecto y le diesen su apoyo.
Don Juan Carlos neutralizó a su primo Alfonso
para que no fuese Rey. ¿Fue por ambición o porque no
confiaba en él como futuro jefe de Estado?
Fue porque eso habría sido una quiebra de la ley. En
1969 hay una Ley de Sucesión que aprueban las Cortes en
las que le designan sucesor. Pero, después, su primo,
al que Don Juan Carlos adoraba, por cierto, se casa con
la nieta de Franco y una serie de personas del entorno
de Franco quieren que Alfonso de Borbón sea el próximo
Rey. Lo q hace Don Juan Carlos es que se cumpla la ley.
Todas aquellas maniobras políticas de la
transición, aquellas reuniones secretas, los viajes que
narra Ud. en su libro... ¿Cómo se ha llegado a conocer
todo aquello?
Eso no se ha conocido hasta ahora. Por ejmeplo el viaje
de Manuel Prado y Colón de Carvajal a Rumanía para
entrevistarse con Ceaucescu se sabía porque lo contó
él mismo en alguna ocasión, pero hasta ahora yo no
había sabido por ejemplo que está sordo de un oído de
la paliza que le pegaron y lo difícil que fue aquel
encuentro con Ceaucescu para que convenciera a Carrillo
de aceptar el proyecto político del Rey. Además,
Manuel Prado también hizo una serie de gestiones muy
importantes, como su encuentro con el presidente
francés Giscard D’Estaing para que venga a la misa de
exaltación del Rey o con Kissinger en EE.UU para
pedirle ayuda para detener la Marcha Verde sobre el
Sahara... Todo fue muy complicado, por eso muchas cosas
no se han sabido hasta ahora.
¿De verdad la transición fue tan modélica como
nos han contado?
Fue modélica. Hubo muertes, eso sí, hubo momentos
terribles, había manifestaciones, hubo gente de extrema
derecha que asesinó en la calle, como el caso de
Yolanda en la Gran Vía o los asesinatos de Atocha...
También estaba el Grapo y ETA, que es lo único que
queda ya de aquella época. Pero comparado con lo que
todos nos temíamos fue una transición ejemplar. De
hecho yo tuve la posibilidad de viajar con los reyes en
sus primeros viajes al exterior y en todas partes
estaban asombrados de cómo habían sido los momentos
posteriores a la muerte de franco.
¿Tuvimos que renunciar a algo para lograr el
status de país democrático?
A nada. Lo que hicimos fue ganar muchas cosas, lo que
hizo falta fue un esfuerzo de los españoles tremendo
para cambiar la mentalidad que se les había inculcado
durante 40 años. Los que no vivieron esa época no
pueden valorar lo que ocurrió. Hay jóvenes ahora por
ejemplo que dicen que con Franco había orden y tal,
bueno, sí, había orden pero faltaba la libertad. Hay
chicos jóvenes ahora que se manifiestan con símbolos
franquistas, si supieran que en la época de Franco no
hubieran podido manifestarse porque acabarían en la
cárcel y en una cárcel donde se torturaba...
¿Es cierto que Arias Navarro inició una cierta
apertura política?
Eso fue mentira. Arias pronunció un discurso el 12 de
febrero del 74, dos meses después del asesinato de
Carrero, pero fue mentira. Arias fue un presidente más
duro que Carrero. Muchos franquistas están seguros de
que los fusilamientos de septiembre del 75 no se
hubieran producido con Carrero Blanco. Arias anunció
una apertura pero fue falso, fue mucho más duro.
Países democráticos como Francia, Reino Unido o
incluso EE.UU ¿se comprometieron con el proceso de
transición?
Se comprometieron pero una vez que estaba ya en marcha.
Pero al principio hicimos el proceso en solitario. Es
muy fácil dar apoyos después pero hay que hacerlo
cuando se necesita. La verdad es que en aquellos
primeros momentos estábamos muy solos.
¿Por qué fue tan criticado Adolfo Suárez
durante la transición?
Fue criticado durante sus dos últimos años de gobierno
y yo creo que se mereció aquellas criticas. Fue una
persona despótica y soberbia, encerrada en La Moncloa y
ahora queremos olvidarlo y recordar sólo lo bueno que
hizo porque fue mucho e importantísimo. Pero no hay que
olvidar que en sus últimos años de Gobierno perdió la
credibilidad, tanto de su partido como de todos los
españoles. Suárez dimitió por soledad, porque su
partido no le apoyaba, la gente tampoco y el Rey ya no
tanto. En ningún caso pienso que se marchó porque
pensaba que iba a haber un golpe de Estado. Él es una
persona muy valiente y si hubiera sospechado algo, no se
habría marchado.
¿Los políticos de aquella época eran unos
idealistas?
Éramos todos unos idealistas, sin ninguna duda. Y
teníamos otro talante, estábamos todos, incluyendo los
ciudadanos de a pie, construyendo el futuro. Y el
esfuerzo salió bien.
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