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RAUL BENITEZ MANAUT(*) |
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| Sinopsis: |
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En América Latina, salvo notables excepciones históricas, la negociación de conflictos es un fenómeno reciente, sobre todo si se toma en cuenta que la región ha sido tradicionalmente un foco de tensiones, tanto nacionales como regionales e internacionales. |
En el presente artículo hemos decidido analizar los procesos de negociación y paz en el Tercer Mundo desde una óptica comparativa, para hacer énfasis en el caso centroamericano. Mencionar las peculiaridades y elementos en común que se han dado en procesos de paz en otras regiones del Tercer Mundo, y compararlos con los que han sucedido en Centroamérica para salir de la crisis política y militar que se dio en los ochenta, consideramos que es un ejercicio analítico necesario, a fin de poder contextualizar tanto las peculiaridades como los elementos en común subyacentes en ellos. Este análisis retrospectivo y comparativo permite desentrañar las modalidades de la mediación (interna o internacional) y las particularidades que adoptan los procesos de negociación, como medio para lograr la paz. A su vez, facilita evaluar objetivamente el comportamiento de actores internacionales, las superpotencias, potencias intermedias y su vínculo con los directamente involucrados en los conflictos. Igualmente, es necesario tener en cuenta las diferentes dimensiones de las propuestas de paz, ya que algunas tienen sólo alcances regionales, otras binacionales y otras se ubican en el nivel interno (guerras civiles). En Centroamérica, al igual que lo observado en otras latitudes, generalmente los conflictos combinan componentes geopolíticos e internos, por lo que las propuestas de mediación y negociación son más complejas.
El
presente artículo comprende varios apartados, a fin de poder ir profundizando
en el tema que nos interesa. Por ello, optamos primero por realizar una breve
tipología de los conflictos que se presentan en Centroamérica. Posteriormente,
analizamos los procesos de negociación y paz más relevantes del Tercer Mundo,
incorporando algunos de América Latina, comenzando por el análisis de las
negociaciones del canal de Panamá, que sin duda fueron la negociación más
relevante de la década de los setenta. Después analizamos los períodos del
proceso de paz en Centroamérica, y las contradicciones temporales que se
presentan entre conflicto interno, conflicto regional y conflicto geopolítico.
Finalmente, realizamos un ejercicio comparativo- metodológico que permite tener
presentes enfoques y modalidades de implementación de los procesos de paz.
A
nivel metodológico, nuestro punto de partida es la distinción del tipo de
conflicto, para así poder analizar las posibilidades de las propuestas de
negociación. En Centroamérica se dan tres tipos de conflictos, los mismos que
durante los ochenta se mezclaron en lo que sin duda es el periodo más
convulsionado de su historia, después de la larga guerra civil que terminó en
1838 con la disgregación nacional, naciendo los cinco países que hoy conforman
la región (a los que se han agregado por su ubicación geográfica Panamá y
Belice).
Tipología
Conflictos geopolíticos
Son
aquellos que, además de tener un componente interno, por la presencia de una o
más de las superpotencias y/o de potencias regionales, se transforman en
conflictos geopolíticos. Desde el fin del siglo XIX, con la lucha interimperial
por la construcción del canal de Panamá, se observa esta modalidad de
conflicto. Posteriormente, durante los primeros 30 años del siglo, con la
recurrencia de intervenciones militares de EE.UU. (principalmente en Nicaragua),
los conflictos internos se transforman también en geopolíticos, componente que
después, desde los años setenta y durante los ochenta, fue el predominante.
Conflictos entre Estados- Nación
Estos
conflictos fueron los predominantes desde el inicio de la vida independiente de
los países centroamericanos. La independencia, la creación de la República
Federal y después su desmembramiento en 1838 hicieron que las fronteras entre
los países no estuvieran delimitadas de forma definitiva, por lo cual se dieron
muchos enfrentamientos armados durante el siglo XIX. En el Siglo XX, las
disputas Estados- Nación son frecuentes: entre Guatemala y Gran Bretaña por el
territorio de Belice, y después entre Guatemala y Belice; entre El Salvador y
Honduras, siendo el momento de máxima tensión la guerra de 1969 entre los dos
países; entre Honduras y Nicaragua y, más tarde, entre Nicaragua y Costa Rica.
Todos estos conflictos afloraron de forma particularmente intensa en los
ochenta.
Conflictos en el interior de las naciones
Estos
son los característicos del siglo XX. En gran parte son producto de las formas
de gobierno oligárquicas y militares, y se deben a la insatisfacción política
de amplios sectores de la población y a las grandes desigualdades sociales. En
algunos casos, estos conflictos se relacionan con los geopolíticos, como es el
de las luchas nacionalistas en Panamá por la soberanía del canal. Estos
conflictos, cuando afectan intereses foráneos traspasan las fronteras. El caso
más notable de ello fueron las políticas de nacionalización planteadas por el
Gobierno de Guatemala entre 1944 y 1954 y, posteriormente, las medidas tomadas
por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), durante los primeros años
de la Revolución (1979- 1984).
En
Centroamérica, la resolución de los conflictos se ha efectuado
tradicionalmente por vías militares. Ello ha hecho que la región sea uno de
los principales focos de tensión en el continente americano. Sólo en los últimos
años comienzan a plantearse formas nuevas de resolución, a través de la
mediación de terceras partes que promueven la negociación. Ello se observó
con el armisticio que puso fin a la guerra entre Honduras y El Salvador en 1969,
promovido por la Organización de Estados Americanos (OEA), y el acatamiento por
ambos países de la resolución que emitiera la Corte Internacional de Justicia
de La Haya en septiembre de 1992, que benefició a Honduras, otorgando a este país
las dos terceras partes de los territorios en disputa desde 1969 [1].
Negociaciones de paz en el tercer mundo
Iniciamos
el análisis con los Tratados del canal de Panamá, debido a que fueron la
negociación más importante de América Latina, que enfrentó dos partes con
una gran asimetría de poder, por lo que no se podría afirmar que la negociación
se dio por un balance de fuerzas (como sí se puede afirmar para el caso de la
solución de otros conflictos).
En
Panamá, por su condición sui generis producto de la existencia del canal
interoceánico y las bases militares de EE.UU. establecidas en la llamada zona
del canal, históricamente se presenta una demanda nacionalista que reivindica
que el canal debe pasar a manos panameñas y se deben desmantelar las bases
militares. A principios de los setenta el mandatario Omar Torrijos inició
gestiones diplomáticas a fin de lograr un tratado con los Estados Unidos.
Torrijos logró el apoyo de prácticamente todos los países latinoamericanos,
empleando los recursos de la OEA para lograr la firma de los Tratados del canal
de Panamá en 1977, que señalan el traspaso gradual de la administración del
canal al Gobierno panameño y el desmantelamiento paulatino de las bases
militares [2]. Este hecho fue criticado por el Gobierno de Reagan (1981- 1989),
quien sentó las bases para la desestabilización del gobierno panameño y la
intervención militar directa, implementada por el gobierno de Bush en diciembre
de 1989 [3]. El caso de Panamá es importante porque señala las dos vertientes
de la política de Estados Unidos: la que busca la solución de los conflictos
geopolíticos (que predominó cuando se firmaron los Tratados durante el
gobierno de Carter), y la que pretende el mantenimiento de la hegemonía de la
superpotencia por todos los medios a su alcance, a través de una política de
contención. También muestra las dos posibilidades extremas de la resolución
de un litigio: la negociación (1977) y la salida únicamente militar (1989).
En la actualidad, hablar de geopolítica y al mismo
tiempo mencionar la posibilidad de negociaciones sustanciales que den fin a los
conflictos en el Tercer Mundo, parece una contradicción. Sin embargo, a la par
de la redefinición del equilibrio mundial del poder y de la posición dominante
que algunas superpotencias tienen en este nuevo ajedrez estratégico, básicamente
los Estados Unidos, hay tendencias que demuestran que es posible la solución
definitiva de las guerras civiles que aún persisten en países del Tercer
Mundo. En Centroamérica, ello se vuelve necesario por razones de estabilidad,
ya que la región se ubica muy cerca de la frontera sur de EE.UU., en el perímetro
estratégico de la cuenca del Caribe. En la actualidad, por la firma de un
Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, EE.UU. y Canadá, la pacificación
completa se convierte en prioridad. Incluso sectores conservadores de la élite
política de los Estados Unidos desde 1990 apoyan los esfuerzos de paz en los
diferentes países, de acuerdo al cambio de prioridades en sus políticas hacia
el Tercer Mundo, una vez desmembrado el mundo comunista.
Es
importante tener como referencia los procesos de paz sucedidos en otras
latitudes para comprender las modalidades que se adoptaron como soluciones no
militares, esto permite tener marcos comparativos que ayudan a ubicar las
posibilidades de la negociación en los países en que ésta se ha prolongado,
como Guatemala y Colombia. Algunos de ellos son lejanos en el tiempo y la
geografía, como el venezolano a finales de los sesenta y el de Rhodesia-
Zimbabwe a principios de los ochenta. Igualmente, son referentes obligados para
la comparación las negociaciones recientes en Colombia, Angola y Camboya, que
han evidenciado notables retrocesos durante 1992. Estos ejemplos, por sus
características e importancia son parte del análisis comparativo que
desarrollamos. No obstante, en las décadas de los setenta y ochenta hubo otros
ejemplos de negociación positiva, donde el componente geopolítico fue mucho
mayor debido a la participación activa de las superpotencias. En algunos casos
se dieron las negociaciones porque en el conflicto existieron elementos de
graves tensiones interestatales.
En
los años setenta una negociación entre un pequeño país y una gran potencia
acaparó la atención de la gran mayoría de los analistas internacionales. Las
conversaciones de Ginebra entre los representantes de Vietnam y los Estados
Unidos muestran que este tipo de negociaciones aun son posibles a pesar de la
gran asimetría existente entre las partes. La solución pactada, sin embargo,
se dio por el empantanamiento que se produjo en la intervención militar de EE.UU.,
dando lugar a la salida de las tropas de éste país, tras importantes
negociaciones bilaterales. El conflicto se resuelve con el retiro total de los
efectivos de los Estados Unidos en 1975 de Vietnam del Sur, dándose la
reunificación de los dos territorios el 2 de julio de 1976. La Guerra de
Vietnam fue el hecho que causó la reflexión más importante sobre seguridad
nacional en los Estados Unidos en la época de posguerra, específicamente en
sus políticas hacia el Tercer Mundo, reflexión que condujo en la década del
ochenta a la elaboración de la doctrina de la guerra de baja intensidad [4].
La
guerra que se libró en Afganistán, iniciada tras la invasión soviética de
diciembre de 1980, enfrentó a una guerrilla armada por EE.UU. y a un Gobierno
respaldado por la Unión Soviética. La ineficiencia militar de esta última,
definida por numerosos analistas como el Vietnam soviético, hizo que la
superpotencia, tras la llegada de Mijail Gorbachov como máximo dirigente en
1985, buscara rápidamente la retirada de sus tropas. El factor que definió
este cambio de actitud es una consideración global sobre su geopolítica,
mencionando la no intervención en asuntos de otros Estados aun en sus fronteras
inmediatas, como un nuevo principio de política exterior. Un conflicto que se
resolvió en 1988 con la activa participación de la ONU fue la guerra Irak- Irán,
que estalló en 1980. Tras un balance militar favorable a Irak, pero que no
obstante no conducía a la victoria total sobre Irán, la ONU diseñó un plan
de paz para que se firmara el armisticio entre ambos países.
En
América Latina hoy día Venezuela es uno de los países que gozan de
estabilidad democrática [5]. Ésta se puede atribuir a aspectos particulares
que no se comparten en otras naciones - como la riqueza petrolífera- , pero
también hubo un proceso de pacificación en la segunda mitad de los años
sesenta que brinda un ejemplo notorio de voluntad política de las partes. La
guerrilla venezolana de los sesenta, al igual que en otros países de nuestro
continente, tuvo un momento de auge de los factores insurreccionales casi al
momento de su nacimiento, a principios de la década. Posteriormente su acción
militar urbana se estancó y se trasladó a las zonas rurales. Entre 1965 y 1966
sus máximos dirigentes inician una reflexión sobre el futuro de la lucha
armada bajo el siguente razonamiento: la guerrilla no ha sido derrotada y, por
las estrategias de supervivencia, difícilmente lo será en términos militares,
pero también es muy poco probable un avance militar sustantivo que planteara a
corto plazo la posibilidad de la derrota con el ejército. El dilema de la
guerrilla era entablar una guerra prolongada que desgastara el país y sus
recursos - como en Colombia- , o incorporarse a la vida política. A su vez el
Gobierno, en vez de plantear como salida la represión indiscriminada,
inteligentemente abrió los espacios políticos. Ante esta situación de mutuas
concesiones, la guerrilla fue desmantelando sus estructuras militares e insertándose
en el proceso democrático y el Gobierno respetó la vida de los dirigentes y
militantes. Entre 1967 y 1969 se dio una apertura política donde, aun
existiendo comandos militares de la guerrilla, el Gobierno aceptó su
participación electoral en 1968. A finales de 1968 se puede considerar que en
el país ya existían condiciones de paz armada. El Gobierno legalizó al
Partido Comunista a finales de 1968 (brazo político de la guerrilla) y liberó
a los presos políticos. Un factor destacado de este proceso es que no hubo ningún
intermediario internacional. Esto fue posible porque se dio una voluntad real de
superar el conflicto en ambas partes [6].
El
proceso de paz colombiano ha llamado la atención de los observadores por su
complejidad [7]. Prácticamente sin mediación internacional, desde principios
de la década se esbozaron intentos de diálogo y pacificación. En los tiempos
en que tuvo lugar el esfuerzo de paz de Contadora (1983- 1986), del cual
Colombia fue parte integrante, el entonces presidente Belisario Betancur utilizó
a la política exterior como medida de política interior, y se iniciaron los
alto el fuego parciales con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC), el M- 19 y el Ejército Popular de Liberación (EPL). Esta iniciativa de
paz tuvo grandes altibajos. En un inicio no se lograron acuerdos definitivos. En
1984 los alto el fuego son bastante limitados, no obstante, las FARC, brazo político
del Partido Comunista, crea la Unión Patriótica (UP) y decide participar de
forma abierta y legal en la lucha política. En noviembre de 1985, con el asalto
al Palacio de Justicia por el M- 19, y la consecuente represión desatada después
de este acontecimiento, se cerró el clima de distensión. Entre 1985 y 1988 son
asesinados por grupos paramilitares más de mil dirigentes políticos populares,
tanto los vinculados a los grupos armados como los independientes, lo que genera
un clima de desconfianza posterior que se incorpora como un obstáculo
importante para lograr la paz [8].
En
Colombia las negociaciones de paz son muy complejas debido a la gran cantidad de
actores e intereses involucrados: el Gobierno colombiano (donde están presentes
los intereses de las clases poderosas - oligarquías agrarias, y sectores económica
y políticamente dominantes del país- así como la posición de las Fuerzas
Armadas), los grupos guerrilleros, dividos entre el M- 19 [9], - con el cual el
Gobierno ha logrado pactar su conversión definitiva al proceso político- y los
que actualmente se agrupan en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB)
- FARC, Ejército de Liberación Nacional (ELN) y EPL- [10], además de que las
acciones militares de los narcotraficantes también los vuelven sujetos de un
pacto de negociación [11]. El incremento notable de la violencia en la segunda
mitad de los años ochenta, de múltiples orígenes: violencia estatal -
violaciones a los Derechos Humanos- , violencia civil - una población en armas
que actúa por cuenta propia- , la proveniente del gran poder de los
narcotraficantes, la violencia política impulsada por los grupos guerrilleros,
y la violencia paramilitar, hacen de Colombia uno de los países más
convulsionados del continente. Sin embargo, desde 1989 se avanzó notablemente
con el desmantelamiento de las estructuras militares del M- 19 y su conversión
a partido político, participando en el proceso electoral presidencial.
Igualmente, tras el triunfo de César Gaviria y la convocatoria a la Asamblea
Constituyente, la cual modificó la anacrónica constitución del siglo pasado,
se ha avanzado en la real pacificación del país, quedando pendientes las
negociaciones con la CGSB, que evolucionaron de forma positiva en 1991 en
Venezuela y durante los primeros meses de 1992 en Tlaxcala, México, congelándose
desde el cuatro de mayo de este año, por lo que se reanudaron los combates con
gran intensidad [12].
Entre
las razones que explican la paralización de las conversaciones de paz están la
política de principios, la falta de moderación y la ausencia de pragmatismo
por ambas partes. El Gobierno sostiene básicamente una fórmula de alto el
fuego (en forma de rendimiento incondicional) planteando solamente la futura inserción
de la guerrilla en el proceso político institucional, siendo notable la
inflexibilidad política [13]. Por su parte, la guerrilla sostuvo posiciones muy
ideologizadas que tienen que ver con fórmulas de "compartir el
poder", y elementos inaceptables para el Gobierno, como la depuración de
las Fuerzas Armadas y los grupos paramilitares, y reformas socioeconómicas que
van en contra del modelo neoliberal implantado. Al darse este diálogo
infructuoso y sin convergencias, fracasó la ronda de Tlaxcala.
Un
balance militar de 1992 señala que la violencia en general causó 27.000
muertos sólo ese año, con la peculiaridad que ni la guerrilla ni el ejército
fueron los principales afectados, pues sólo perdieron la vida 938 guerrilleros
y 1.552 fueron capturados. Los militares registrados como bajas se calculan en
500 [14].
A
finales de la década de los setenta, en Rhodesia, a la par de darse el proceso
de independencia de la Gran Bretaña (1980), el Gobierno minoritario de los
blancos era cuestionado por dos grupos guerrilleros, el ZAPU y el ZANU, que se
fusionaron en el Frente Patriótico. Estos grupos llevaron la lucha armada hasta
la propia capital del país. Dada la presión de la guerrilla, el Gobierno británico
decidió plantear la salida a través de la vía política: supervisar un
proceso electoral y el vencedor sería quien gobernaría, solución que se
planteó a la par del otorgamiento de la independencia. Triunfó el partido
ZANU, encabezado por Robert Mugabe. Para consolidar la pacificación se
fusionaron las guerrillas en un ejército nacional unificado [15].
Es
importantes tener presentes los ejemplos mencionados, lejanos en el tiempo y la
geografía, dado que, en primer lugar, aún en el contexto internacional de la
Guerra Fría fue posible plantear soluciones a conflictos armados y, en segundo
lugar, el factor determinante fue la voluntad política de los actores. Lo
importante es que los actores decisivos de las guerras adquieren conciencia de
la necesidad de la superación de los conflictos a través de la vía negociada
y no la militar, cambiando notablemente sus estrategias y moderando las ideologías
y posturas políticas. Este fenómeno se induce a través de mediadores,
internos y/o internacionales.
En
la década de los ochenta el estallido y/o auge de guerras civiles en numerosas
partes del planeta definen esos años como uno de los períodos de la historia más
convulsionados para numerosas regiones del Tercer Mundo. Conflictos no resueltos
en el sudeste de Asia, Medio Oriente, Asia central, el cono sur africano,
Centroamérica y América del Sur. En este período, todos los conflictos tienen
incorporados elementos geopolíticos como parte sustancial de su génesis. O
sea, las superpotencias y potencias regionales influyen decisivamente apoyando a
alguno de los bandos, según el diseño de sus esquemas de proyección de poder.
La Unión Soviética en Afganistán, Vietnam en Camboya, los Estados Unidos
contra Nicaragua y Angola, Cuba respaldando al Gobierno de Angola con su ejército
y al nicaragüense con asesores militares y apoyo económico, Sudáfrica
impidiendo la independencia de Namibia, etc. A esta multiplicación de
conflictos, que combinaron en la mayoría de los casos guerras civiles con
conflictos geopolíticos, comenzaron a vislumbrarse nuevas opciones de solución
y fórmulas de mediación y negociación en la segunda mitad de la década.
Muchos factores contribuyeron. El primero de ellos fue el reconocimiento de la
Unión Soviética de que su participación militar en Afganistán fue un error,
planteando la rápida retirada de sus tropas. El segundo factor fue la
reformulación de la ONU como instancia activa para buscar salidas a dichos
conflictos.
En
los conflictos tipificados como guerras civiles comenzaron a plantearse esquemas
de distensión entre los contendientes desde 1986- 1987. A continuación vamos a
mencionar los casos relevantes de Angola y Camboya como ejemplos donde se han
dado avances sustanciales de solución de la modalidad de guerra civil, aunque
también los procesos de paz no han logrado consolidarse. Hay otros ejemplos
positivos de negociación que no vamos a analizar en el presente trabajo, como
el de Sudán, Uganda, Etiopia- Eritrea, Sri- Lanka y Filipinas [16].
En
el cono sur africano fue donde se concentró parte sustancial de la tensión en
ese continente debido a los múltiples factores que se entrecruzaban: el
apartheid en la propia Sudáfrica; la ocupación ilegal - en los términos de la
ONU- de Namibia por éste país; la proyección militarista sudafricana que
intentó llegar hasta Luanda, Angola, y que fue contenida por el ejército
cubano en 1975- 1976; el apoyo otorgado por EE.UU. a las guerrillas
contrarrevolucionarias de la Unión Nacional por la Independencia Total de
Angola (UNITA), que incrementó a un nivel sin precedentes la escalada militar
en ese país, etc [17].
Esta
multiplicidad de conflictos tuvo su auge con las grandes batallas de fines de
1987 y comienzos de 1988 en el sur de Angola, donde participaron prácticamente
todos los involucrados: el ejército de Angola y el cubano, respaldados por las
guerrillas independentistas de Namibia, contra el ejército sudafricano y la
UNITA, apoyada de forma abierta por el Gobierno de Zaire y de forma indirecta
por EE.UU.. A finales de 1988 se realiza una gran conferencia de paz,
patrocinada por la ONU, donde se acuerda la retirada de las tropas cubanas de
Angola y sudafricanas de Namibia y la independencia total de éste país a través
de un proceso electoral, como el primer paso a la pacificación total - o sea,
el primer paso es la distensión internacional- . Como segunda fase, se dio el
proceso interno de paz entre el Gobierno de Angola y la UNITA, firmado el 31 de
mayo de 1991, que incluye la incorporación con todos sus derechos a los
miembros de la UNITA, elecciones libres para septiembre de 1992 y reducción y
creación de un ejército único - con la integración del ejército nacional y
las guerrillas, fusión que se daría después de las elecciones. Como
mediadores participaron la Unión Soviética, Portugal y los Estados Unidos, con
el apoyo de la ONU. Se creó, como fase de transición, una Comisión Conjunta
Político- Militar, integrada por representantes del Gobierno de Angola, de
UNITA, de Portugal, de los Estados Unidos y de la URSS, hasta la fecha de
celebración de las elecciones. Cabe precisar que la guerra de Angola, que duró
15 años, tuvo un saldo de 300.000 muertos [18]. A la par de la firma de este
acuerdo, las tropas cubanas adelantaron el regreso a su país, saliendo los últimos
contingentes en mayo de 1991 [19]. La realización de las elecciones a finales
de septiembre de 1992, donde triunfó el candidato oficial Eduardo dos Santos no
dejó satisfecho al dirigente de UNITA y candidato de esta a la presidencia,
Jonas Savimbi. UNITA rompió el acuerdo con el Gobierno y la ONU, quien vigiló
de forma amplia el proceso electoral y confirmó su limpieza. El resultado
oficial de las elecciones dio el triunfo al candidato oficial Dos Santos [20].
UNITA reanudó los combates militares en octubre de 1992. La intensidad de los
mismos ha sido muy elevada y se han generalizado en el sur del país hacia fines
de 1992 y principios de 1993, poniendo en peligro el proceso de paz y transición
a la democracia [21].
En
Camboya, tras una también cruenta y sangrienta guerra civil con numerosos
componentes geopolíticos, ha avanzado notablemente un plan de paz auspiciado
por la ONU. En este plan de paz participan de forma activa los cinco miembros
del Consejo de Seguridad de la ONU como mediadores, además de Indonesia. Los
actores de este conflicto son el Gobierno camboyano, apoyado militarmente por
contingentes vietnamitas, y tres grupos insurgentes armados (entre los que
sobresale el Jmer Rojo cuyo dirigente es Pol Pot, respaldado por China, y dos
fracciones no comunistas, una de ellas encabezada por el principe Norodom
Sihanouk). El acuerdo, firmado en Indonesia el 23 de junio de 1991, incluye la
creación de un Consejo Supremo Nacional, integrado por todos los actores del
conflicto, que tendrá su sede cerca de la capital y organizará un proceso
electoral libre, además de que operará bajo la supervisión de la ONU y podrá
nombrar a los representantes de Camboya ante la comunidad internacional. Se firmó
a la par el alto el fuego definitivo y, temporalmente, cada facción mantendrá
sus efectivos en la zona que se encontraban al momento de la firma del pacto
[22]. Por su parte, a principios de 1992, Japón patrocinó la conferencia de
paz y reconstrucción de Camboya, como contribución al proceso de paz.
Sin
embargo, el conflicto camboyano integra un número considerable de tensión
geopolítica. Destaca la pugna entre China y Vietnam (ya que China respalda al Jemer
Rojo, y el Gobierno de Vietnam apoya al Gobierno camboyano). El hecho de que Japón
auspicia las conversaciones de paz, a la par de normalizar rápidamente sus
relaciones con el Gobierno chino, es otro dato a tener presente. Igualmente son
importantes las políticas de Malasia, Indonesia y Tailandia, cada uno con sus
respectivos intereses en Camboya [23]. La fórmula de paz de la ONU combina
elementos del esquema africano de poder compartido (como la división del país
a las tutelas de los diferentes ejércitos existentes), con el planteamiento de
realizar un proceso electoral que defina las correlaciones de fuerzas políticas.
A pesar de estos logros, a finales de 1992, el proceso de paz se estanca y entra
en conflicto el Jemer Rojo con los cascos azules de la ONU, impidiendo el tránsito
de las autoridades de la ONU en las zonas bajo su control, poniendo en peligro
la autoridad de la "Autoridad Provisional de las Naciones Unidas en
Camboya" (APRONUC). Lo anterior ha postergado la fecha de realización de
las elecciones, debido a que no se ponen de acuerdo el Gobierno y el Jemer Rojo
para convocar a las mismas [24].
Los
ejemplos anteriores son incorporados al análisis a manera de favorecer un marco
comparativo que permita detectar, por un lado, las modalidades de diferentes
negociaciones, y, por el otro, los avances reales - o el estancamiento de las
conversaciones- que se puedan presentar.
Es
necesario tener presente el nuevo rol que juega la ONU en la resolución de los
conflictos y el mantenimiento de la paz. Un analista señala al respecto:
"Las Naciones Unidas pueden contribuir a la resolución de los conflictos
internacionales de tres formas principales. La Asamblea General y el Consejo de
Seguridad pueden delinear resoluciones que sean líneas de acción para la
resolución de los conflictos. El secretario general o sus representantes pueden
funcionar como mediadores en un conflicto, o proveer servicios de buenos
oficios. Finalmente, el Consejo de Seguridad puede conformar fuerzas de
mantenimiento de la paz (Peace- keeping forces) a un área conflictiva. Es
imposible conocer de antemano el resultado de la acción de la ONU o el nivel de
efectividad de estos tres modos de operación, pero usualmente se emplean
combina- dos en situaciones críticas donde su intervención acelera la
posibilidad de resolver un conflicto" [25].
En
los últimos años, la ONU ha otorgado prioridad a cinco conflictos en los cuáles
ha empleado todos los recursos a su alcance con grados de éxito diferentes:
Centroamérica (actualmente concentrado el esfuerzo en El Salvador), Angola,
Camboya, Somalia y Yugoslavia. Según un asesor personal del secretario general,
de estos cinco conflictos, a fines de 1992 sólo uno presenta una evolución
satisfactoria (se refiere al caso salvadoreño), y de ellos, dos que parecían
evolucionar de forma muy positiva, han registrado notables retrocesos (Angola y
Camboya) [26].
Negociaciones de paz en Centroamérica
En
América Latina, de los cinco países envueltos en agudas guerras civiles en los
ochenta: Colombia, El Salvador, Guatemala, Perú y Nicaragua, dos de ellos han
evolucionado sustancialmente a la solución definitiva de las hostilidades:
Nicaragua y El Salvador; otros dos se encuentran en procesos de diálogo sin
negociación, con grandes altibajos: Colombia y Guatemala; y uno está sumergido
sin opciones políticas o diplomáticas a la vista para salir de la guerra
civil: Perú.
El
avance que se dio en Centroamérica en los procesos de paz desde 1987 se debe a
diversos factores, donde prevalecen los geopolíticos. Esto explica porqué, de
los tres países envueltos en guerras, en dos de ellos han evolucionado
satisfactoriamente las negociaciones y en el tercero hay registrada una evolución
notable.
En
términos de periodización, se puede subdividir el análisis en dos grandes
fases: las estrategias y propuestas regionales, y las propuestas nacionales.
Estas dos dimensiones se entrecruzan en el tiempo, pues están íntimamente
vinculadas. Sin embargo, se puede afirmar que las propuestas de paz regionales
precedieron a las nacionales en el tiempo y fueron la base para que pudieran
lograrse las segundas.
Propuestas regionales: Contadora y Esquipulas
Como
ya se mencionó con anterioridad, el antecedente positivo inmediato que fue un
ejemplo notable de buena voluntad y solución de enfrentamientos por la vía
negociada, fueron los tratados del canal de Panamá. Casi a la par de la
implementación de los tratados del canal, se desató la crisis en Nicaragua y
estalló la corta guerra civil que derrocó al dictador Somoza en poco más de
un año (entre enero de 1978 y julio de 1979). Igualmente, los conflictos
armados se generalizaron en El Salvador y Guatemala, sin una victoria
revolucionaria, lo que hizo que se prolongasen los enfrentamientos armados en
ambos países. Esto llevó a numerosos países (entre ellos algunos europeos, México,
Venezuela, EE.UU., y Cuba) a buscar soluciones a dicho conflicto regional. Éstas
se dieron principalmente de cuatro formas: el reconocimiento diplomático a los
movimientos revolucionarios como fuerzas legítimas (posición de México y
Francia en 1981) [27]; la democratización de los sistemas políticos, como
medio para evitar el ascenso revolucionario (planteamiento de Estados Unidos en
1980, la mayoría de los países europeos, Venezuela, la Internacional
Socialista, la Internacional Demócrata Cristiana); la contención del
"avance del comunismo", apuntalada desde que el presidente Reagan
asume la presidencia de los Estados Unidos en enero de 1981, que implicó el
fortalecimiento de las Fuerzas Armadas de los Gobiernos aliados de los Estados
Unidos (Guatemala, El Salvador y Honduras); y el respaldo a los movimientos
revolucionarios (posición de la Unión Soviética, Cuba y Nicaragua).
Debido
a lo anterior, y a que ninguna de las cuatro opciones pudo lograr imponerse, o
sus tácticas de salida a la crisis (diplomáticas, políticas y militares)
triunfar, estalló la crisis a nivel regional (en términos geopolíticos
significó enfrentamientos y tensiones entre países). Así, lo que se desarrolló
entre 1980 y 1987 fueron estrategias militares revolucionarias y
contrarrevolucionarias), quedando las soluciones políticas completamente
opacadas [28].
El
esfuerzo de paz más importante, aunque no fue completamente exitoso, fue el
emprendido por el Grupo de Contadora entre 1983 y 1986. Dicho grupo diplomático,
integrado por México, Venezuela, Colombia y Panamá (que en 1985 se amplió con
la participación de Perú, Uruguay, Argentina y Brasil) redactó tres versiones
del Acta de Paz, en consenso con los países directamente involucrados en la
crisis (Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, y Nicaragua). El hecho
notable del trabajo diplomático del Grupo de Contadora fue el abrir el canal de
comunicación entre estos cinco países y comenzar a esbozar salidas diplomáticas
en contra del despliegue de las estrategias militares. Fueron numerosos los
factores que imposibilitaron la firma del acta de paz. El más importante de
ellos fue la oposición abierta de EE.UU., quien en ese momento desplegaba con
toda amplitud la estrategia de la guerra de baja intensidad en la región,
fundamentalmente en dos casos: el nicaragüense, apoyando a los grupos
contrarrevolucionarios, para debilitar y desestabilizar al Gobierno sandinista
de Nicaragua [29], y otorgando un completo respaldo al Gobierno y a las Fuerzas
Armadas de El Salvador en la guerra de contrainsurgencia contra el Frente
Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) [30].
En
Centroamérica un punto de inflexión se produjo, tras el fracaso de las
gestiones del Grupo de Contadora, el esquema de paz planteado por el acuerdo de
Esquípulas II, firmado en agosto de 1987 [31]. Un elemento muy relevante es que
Esquípulas II se firma en parte como un rechazo a los esfuerzos previos de
negociación - como el de Contadora- e intervención - la acción de los Estados
Unidos- , destacando la voluntad política de los cinco presidentes que firmaron
el documento. De esta forma Esquípulas II se convierte, ante la crisis y su más
aguda expresión (la militarización regional y las guerras civiles), en un acto
de autonomía.
La
fórmula de Esquípulas II se diseñó con dos propósitos: disminuir las
tensiones entre los Gobiernos y darle una solución a la crisis nicaragüense
(el Gobierno planteó en numerosas ocasiones modalidades de paz con los Estados
Unidos, sin éxito, aceptando a partir de Esquípulas el diálogo directo con la
contrarrevolución). Al mismo tiempo Esquípulas inauguró las reuniones de
presidentes de la región - que han tenido una gran continuidad hasta la fecha-
y el esquema de negociación deja pendiente las soluciones a las guerras civiles
de El Salvador y Guatemala. La dinámica de distensión irradia e influye en
estos dos países para que se den conversaciones entre los Gobiernos y los
grupos insurgentes. El mecanismo que vincula la salida transnacional con la
intranacional es la creación en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, de la
Comisión Nacional de Reconciliación, donde en los tres países la alta jerarquía
de la iglesia católica ocupa un lugar preponderante. En el caso salvadoreño
desde 1984 se habían sostenido conversaciones sin éxito. Y en Guatemala nunca
se había realizado (al menos públicamente) contacto entre el Gobierno y la
guerrilla.
La paz en Nicaragua, El Salvador y Guatemala
En Nicaragua el proceso de paz está prácticamente
concluido. Éste tuvo diversas vertientes. Una geopolítica: las negociaciones y
conflictos con los Estados Unidos, debido al sostén que este país brindó a
los contrarrevolucionarios y a la estrategia de destrucción de la
infraestructura económica [32]. Posteriormente, el Gobierno sandinista aceptó
dialogar y negociar directamente con la contrarrevolución, a pesar de la
evidente derrota militar que le había infringido. Esto se dio fundamentalmente
a raíz de los acuerdos de Esquípulas II. Estos acuerdos logran disminuir la
tensión intergubernamental de la región (existente entre el Gobierno
sandinista de Nicaragua y el resto de los países centroamericanos), y la
interna, a través de la Comisión Nacional de Reconciliación. Este proceso
posibilitó la implementación de los primeros acuerdos de alto el fuego, a
partir del tratado de Sapoá, firmado en marzo de 1988 [33]. Durante 1988 y 1989
se dieron alto el fuego parciales. La pacificación parcial se acompañó de una
vertiente política muy importante, focalizada en la realización de las
elecciones presidenciales de febrero de 1989. La victoria electoral de la
coalición Unión Nacional Opositora (UNO), que llevó a la presidencia a
Violeta Chamorro, posibilitó la firma de un pacto de paz y la desmovilización
definitiva de los contrarrevolucionarios el 27 de junio de 1990 [34]. En esta
fecha se firmó el acuerdo mediante el cual 22.000 contrarrevolucionarios
entregaban sus armas para ser destruidas por la ONU, y a cambio se les dotaba de
tierras para su reintegración a la producción nacional. Al mismo tiempo se
acordaba la reducción del ejército sandinista (de 80.000 a 23.000 efectivos en
una primera fase) y se reducía el presupuesto militar. Este proceso de
pacificación ha sido muy exitoso y sólo está empañado por la acción de
pequeños grupos de contrarrevolucionarios y militares desmovilizados -
denominados "recontras" y "recompas", respectivamente- que
no están de acuerdo con la paz, realizando esporádicas acciones de
hostigamiento de poca importancia. Los mediadores fueron la Comisión Nacional
de Reconciliación, encabezada por el Cardenal Obando y Bravo y la OEA. Para la
supervisión internacional del proceso la ONU conformó el Grupo de Observadores
para Centroamérica (ONUCA) en diciembre de 1989 [35].
En
El Salvador el proceso de pacificación está dividido en cuatro períodos: las
conversaciones de paz sin negociación (septiembre de 1984- septiembre de 1989);
la mediación de la ONU y la negociación entre el gobierno y el FMLN (abril de
1990- enero de 1992); la implementación de los acuerdos de paz (febrero de
1992- diciembre de 1992); y la consolidación de la paz (enero de 1993- marzo de
1994) [36].
En
la primera fase, la característica principal es que los diálogos entre las
partes se dan con pocas posibilidades de convergencia. Más que nada, son los
planteamientos de posiciones y principios donde, por parte del FMLN, se sostiene
una fórmula de compartir el poder, y por parte del Gobierno la rendición y el
desarme incondicional de la guerrilla. No obstante, en este período se dan
acuerdos parciales importantes referidos a cuestiones humanitarias: tratamiento
médico de heridos, intercambio de prisioneros, etc [37]. El fin de esta fase
coincide con el incremento de las acciones militares de la insurgencia, a
finales de 1989, que culminó con la ofensiva guerrillera de noviembre de ese año
sobre San Salvador. La principal característica de este período es que el diálogo
es parte del plan estratégico- militar para ambas partes (o sea, está
subordinado a la guerra), y la condición que hizo posible el paso a la fase
real de negociación fue el equilibrio militar. Otra característica es que se
abandona el esquema de Esquípulas II - a través de la Comisión Nacional de
Reconciliación- , debido a que la iglesia católica fue fuertemente hostigada
por el asesinato de los seis sacerdotes jesuitas el 16 de noviembre de 1989 por
parte del ejército. La ONU reemplaza a la iglesia católica en la mediación.
La segunda fase del proceso de paz se inicia el 4 de
abril de 1990, con la firma del acuerdo de Ginebra, donde ambas partes reconocen
a la ONU como mediadora [38]. La negociación duró 21 meses y tuvo numerosos
altibajos. El primer compromiso fue el diseño de la agenda de discusión, y el
procedimiento para avanzar se articuló a través de la firma de acuerdos
parciales, iniciándose estos con el acuerdo de Derechos Humanos, firmado el 26
de julio de 1990, mismo que incorpora la instalación de la oficina de la ONU (ONUSAL)
para verificar el cumplimiento por las partes un año después. Desde septiembre
de 1991 se observan avances cualitativos importantes, con la mediación directa
del secretario general de la ONU y la muy activa participación del Grupo de
Amigos del Secretario General (México, Venezuela, Colombia y España). Esta
fase culminó el 16 de enero con la firma del Acta de Paz. Se puede decir que el
elemento más importante de este período es que la negociación subordina a la
guerra, y los hechos militares responden a los ritmos de la negociación (a la
inversa de lo observado entre 1981 y 1989).
El
tercer período se inicia el uno de febrero de 1992, fecha estipulada por los
acuerdos para iniciar el alto el fuego y la desmilitarización de ambos ejércitos.
Contempla el desarme total del FMLN, su conversión legal en partido político,
la reducción cualitativa y cuantitativa de las Fuerzas Armadas y numerosas
disposiciones complementarias que incorporan aspectos legales, humanitarios,
sociales, etc. Este período se conoce como de paz armada y debió culminar el
31 de octubre del mismo año, sin embargo fue necesario un nuevo calendario
propuesto por la ONU, debido al incumplimiento de numerosos compromisos por
ambas partes. Finalmente, el 15 de diciembre de 1992 se dio por terminada la
implementación del acuerdo, quedando pendientes muchas disposiciones, entre las
que destaca la no depuración de las Fuerzas Armadas, como lo señala la Comisión
encargada de elaborar el documento respectivo (conocida como Comisión Ad Hoc).
La puesta en práctica del acuerdo de paz se considera exitosa en términos
generales, ya que el FMLN desarticuló todas sus estructuras militares, se
legalizó como partido político, y el ejército desmovilizó a los batallones
de contrainsurgencia respectivos. El cuarto período apenas inicia, y dependerá
fundamentalmente de la voluntad política de las partes, para que se desarrolle
un clima propicio de distensión política, a fin de que no se presente un
retroceso en el proceso de paz. En este período la consolidación de la paz se
articula a la desmilitarización del país en todos los niveles (económica, política
y militar) y a la democratización real.
En
Guatemala, aunque no se logran acuerdos definitivos, los logros parciales son un
avance que no puede ser menospreciado. Después de una serie de diálogos
iniciados en el contexto del ambiente generado por el proceso de Esquípulas,
donde se reunieron por vez primera el Gobierno y la Unión Revolucionaria
Nacional Guatemalteca (URNG) en 1987, se firmó el acuerdo para la Democratización,
que se desprende como el primer resultado, después de que en abril de 1991 fue
fijada la agenda de negociaciones y la modalidad de la mediación [39].
En
términos comparativos con el proceso de paz salvadoreño, el guatemalteco se
encuentra aún en la primera fase, y si tomamos como punto de referencia el
elemento militar, el hecho de que las conversaciones en El Salvador progresaran
se debió principalmente a la gran capacidad de fuego de la guerrilla, lo que
generó el empate militar y un impacto geopolítico que no se da en este caso
(la única repercusión geopolítica importante del conflicto guatemalteco tiene
que ver con México). Además, hay elementos muy distintos entre los dos casos,
entre los que destaca la cuestión indígena. Los puntos de contacto entre los
dos países son las similitudes respecto a la solución de los problemas de
Derechos Humanos y los elementos relativos a la democratización. En estos dos
aspectos es donde puede tenerse presente el contenido del Acta de Paz de
Chapultepec, y las principales diferencias radican en la no posibilidad en la
negociación de Guatemala en modificar la estructura de las Fuerzas Armadas y la
influencia de esta en la sociedad (a través de la impunidad), debido a la
correlación militar de fuerzas, favorable al ejército. También se presenta la
necesidad de que se tengan en cuenta disposiciones relativas a la cuestión indígena,
tanto en la dimensión socioeconómica, como en lo referido a los Derechos
Humanos.
Durante
1992 se observó un retroceso y una paralización de las conversaciones de paz,
aunque tanto el Gobierno como la guerrilla han manifestado la voluntad de
reanudar las conversaciones en 1993. El 24 de agosto de 1992 entró en un
impasse el proceso de negociación. Los desacuerdos se dan fundamentalmente en
los aspectos relativos a los Derechos Humanos, pues se vislumbraba una evolución
similar a la salvadoreña (donde el primer acuerdo parcial de la negociación
fue el de Derechos Humanos) [40]. A la par, desde octubre de 1992, la nominación
del premio Nóbel a Rigoberta Menchú concentró la atención internacional
sobre Guatemala y el problema indígena. En particular, la discusión sobre la
paz se ha centrado en un problema central, donde están muy interesados el
Gobierno de México y la ONU: por causa de los refugiados guatemaltecos en México
y la posibilidad de su retorno.
Otro
elemento que ahora aparece como importante en Guatemala es que el resultado de
la implementación del Acta de Paz en El Salvador puede influir de forma
positiva o negativa. Por ejemplo, si las Fuerzas Armadas salvadoreñas resultan
muy afectadas, seguramente las Fuerzas Armadas guatemaltecas tendrán una posición
negativa frente al diálogo. Y si el FMLN se ve beneficiado, esto influirá
positivamente en la guerrilla guatemalteca y presionará para que avance la
negociación, pero no en el Gobierno y las Fuerzas Armadas. De esta manera, se
da de forma inercial un efecto dominó entre la consolidación o no del proceso
de paz salvadoreño y el avance o retroceso en el guatemalteco [41].
La política de los Estados Unidos: de la contención a la distensión
Un
elemento que ha sido decisivo en las posibilidades de lograr acuerdos en la región
es la política exterior de los Estados Unidos. Entre 1981 y 1990 EE.UU. se negó
a tomar soluciones pactadas debido a la proyección de una geopolítica
militarista, basada en la doctrina de contención activa del comunismo o la
guerra de baja intensidad. Esta política pretendió aniquilar o excluir a los
movimientos revolucionarios y/o nacionalistas como opciones políticas en la
región. Ésta fue una constante de la política de EE.UU. prácticamente en
todos los países: en el intento de desestabilizar y derrocar al Gobierno de
Nicaragua con el empleo de todos los medios a su alcance (económicos, políticos
y militares); el respaldo incondicional al Gobierno y básicamente al ejército
salvadoreño en la guerra de contrainsurgencia contra el FMLN; la
desestabilización del Gobierno panameño y, por el fracaso de esta política,
el recurso de la intervención militar directa, y el alineamiento de Honduras y
Costa Rica para que respaldaran éste esfuerzo. Las políticas de promoción de
la democracia o respeto a los Derechos Humanos, en el caso centroamericano, se
han subordinado a este objetivo estratégico.
Esta
concepción geopolítica hegemonista cuyo ingrediente básico es el empleo de la
fuerza militar - de forma disuasiva, indirecta o directa- no se modificó con el
cambio de Gobierno de Reagan a Bush. A mediados de 1991, después del relevo en
el Gobierno de Nicaragua, y avanzadas las conversaciones de paz en el El
Salvador, los Estados Unidos cambiaron de actitud, respaldando la negociación
de El Salvador. El factor que explica esta nueva política es que la opción
militar implica una guerra prolongada, siendo más favorables las políticas de
promoción de la pacificación y de profundización de los procesos democráticos
[42]. No obstante ello, no se abandonan las políticas intervencionistas, sino
que simplemente cambian de planteamiento y medios para implementarse.
Actualmente se habla de una nueva diplomacia de los Estados Unidos (que también
emplea las fuerzas militares): el intervencionismo humanitario. Siendo los dos
casos de prueba Yugoslavia y Somalia.
Con
el cambio de Gobierno (de Bush a Clinton), se presentan nuevos planteamientos
que dejan de lado políticas de contención, y se hace énfasis en los aspectos
relativos al respeto a los Derechos Humanos y la consolidación de los procesos
de democratización, a la par que se considera un ingrediente nuevo: la
integración económica, que contiene como primer paso el establecimiento de
regiones donde entre en vigencia el libre comercio. Al respecto, aparece un
nuevo planteamiento: el libre comercio tiene como condición indispensable la
paz, y dado que Guatemala es la puerta de entrada a Centroamérica, este factor
va a influir con fuerza sobre el Gobierno y la insurgencia de ese país para
avanzar en la negociación. La política y la diplomacia mexicana está
claramente orientada en esa dirección, coincidiendo con las posiciones de EE.UU.
[43].
Análisis comparativo de los procesos de paz
Los procesos de
paz analizados muestran elementos muy importantes a tener en cuenta en las
negociaciones de Centroamérica. En todos los casos, desde Venezuela hasta
Colombia, las negociaciones se insertan en un proceso democrático donde el
elemento integrador y estabilizador es la presencia de los grupos que transitan
de las armas a la política. Sólo la participación de la insurgencia en la
legalidad democrática hace completa la transición. Cuando la democratización
evoluciona positivamente - Venezuela, Zimbabwe, Nicaragua, El Salvador y de
forma parcial en Colombia, Guatemala, Angola y Camboya- el respeto a la vida de
los integrantes de las ex- guerrillas es fundamental para la estabilidad futura
de la paz. En algunos casos, la negociación interna ha sido consecuencia de una
negociación internacional previa en gran escala, donde el reconocimiento y la
voluntad de las potencias involucradas es decisiva, así como la participación
activa de países afectados o involucrados en los conflictos y organismos como
la ONU. O sea, cuando hay actores internacionales involucrados, su decisión de
apoyar las negociaciones de paz debe ser total y no ambigua: esto fue notable en
Afganistán, Angola, Nicaragua y en la etapa final de la negociación en El
Salvador. Este factor también se observa en Camboya. En la mayoría de las
situaciones donde ha estado involucrada la ONU, se ha observado un avance
notable del proceso de negociación: Angola, Namibia, El Salvador, Camboya. En
las negociaciones en Angola, donde se plantea la fusión de los dos ejércitos,
es importante tener presente el respaldo internacional a la guerrilla de UNITA -
básicamente de los Estados Unidos y Sudáfrica- y la fragilidad del Gobierno
[44]. De igual manera, la emergencia de múltiples actores con capacidad de
influencia sobre países con conflictos internos se debe a la aparición de un
fenómeno nuevo en la geopolítica global: la multipolaridad [45].
Otro
elemento a considerar es el relativo a las fórmulas de Compartir el poder.
Power Sharing, como se le llama a esta teoría en su denominación sajona,
significa la aceptación de los contendientes del poder de su contrario y, dada
la imposibilidad de uno de los bandos enfrentados para sobreponerse al otro, se
aceptan fórmulas de convivencia política, entre las que destacan la organización
de Gobiernos provisionales mientras se definen los procesos a través de la
realización de elecciones (Zimbabwe, Camboya, Angola), e incluye en algunos
casos fusión de ejércitos. En este esquema negociador se basaron los
planteamientos del FMLN en la primera mitad de la década de los ochenta. Esta fórmula
de paz se puede considerar como la modalidad africana.
Alternativamente
a esta fórmula, cuando no es posible implementarla por las condiciones internas
y externas, la salida es el reconocimiento institucional por parte de las
oposiciones políticas existentes y los grupos insurreccionados. Este esquema ha
predominado en América Latina desde la pacificación venezolana. Fue el
mecanismo aplicado en Nicaragua, El Salvador y de forma parcial en Colombia.
Estos casos muestran elementos originales que mezclan compartir el poder con una
especie de reconocimiento institucional si el compromiso incluye reformas
constitucionales que respalden y complementen las negociaciones - por ejemplo,
situaciones legales y constitucionales que se deben modificar para la
estabilidad política futura, y reformas en lo que respecta a aspectos socio-
económicos. Esta segunda opción, con sus particularidades nacionales - que
incluyen respeto a los Derechos Humanos, reformas judiciales profundas y
reformas de la institución castrense- es la que está contemplada en el plan de
paz de El Salvador y se vislumbra en Guatemala. Para la aplicación de está
modalidad de negociación la clave es el paso de posiciones polarizadas y
excluyentes en lo político, lo ideológico y lo militar - maximalistas- a
posiciones moderadas, donde las partes rechazan mantener o buscar el poder
total, para fortalecer los mecanismos de contrapeso de las democracias
representativas: Parlamento, Gobiernos locales, etc. Para avanzar en este
proceso se debe dar una moderación gradual de las partes, que poco a poco
coinciden en el acercamiento de posiciones, como paso previo a la negociación.
Esta moderación se debe dar desde las primeras conversaciones- negociaciones,
siendo en la mayoría de los casos fundamental el papel del mediador para lograr
las convergencias: "la moderación consiste en reducir las ambiciones, en
temperar las pasiones, pero no a abdicar ante los rivales" [46].
A
principios de los noventa hay elementos nuevos a tener presente en el análisis.
Poco a poco el concepto conflicto interno, al convertirse en guerra civil y
tener implicaciones geopolíticas, tiene efectos al exterior que a su vez
provocan que la comunidad internacional se vea en la necesidad de involucrarse,
sea para orientar una salida con base en el interés particular de alguna o
algunas superpotencias o potencias regionales, o para buscar la resolución del
mismo en fórmulas que transformen el contexto político y militar interno. De
esta manera, desaparecen paulatinamente las diferencias entre un conflicto
interno y uno externo y difícilmente se pueden separar de forma tajante, tanto
el conflicto como su resolución, aunque en muchos países se ha negado la
posibilidad de que la ONU u otro organismo internacional participe en la solución
de algunos de ellos. Es el caso de Guatemala, Colombia y Perú [47]. En otras
regiones del planeta, los conflictos adquieren nuevas dimensiones: étnicas,
religiosas, nacionalistas, culturales, etc. Esto se ha comenzado a sistematizar
recientemente en la teoría realista de las Relaciones Internacionales, tomando
en cuenta las dos tendencias contrapuestas de la geopolítica de la posguerra fría:
la globalización y la súper- división de las naciones (sobre todo en el ex-
mundo comunista) [48]. De alguna manera, los conflictos y guerras civiles que
analizamos pertenecen y son herencia de la Guerra Fría, donde los contendientes
se pueden dividir en la clasificación tradicional de derecha e izquierda, o
revolucionarios contra conservadores, etc. Esta tipología será cada vez más
obsoleta. En América Latina el único caso que contiene ingredientes de esta
modalidad de conflicto es el peruano, con el llamado fundamentalismo o
mesianismo, del grupo guerrillero Sendero Luminoso, que por su ideología
dificulta la posibilidad de plantear fórmulas de paz o de mediación.
Es
preciso tener presente que, aún con los cuestionamientos a la ONU por su función
desempeñada en el conflicto del Golfo Pérsico en 1992, respaldando a los
integrantes del Consejo de Seguridad, es sin duda la institución más
capacitada para poder impulsar y mediar en los procesos de paz, éstos mientras
no se puedan dinamizar por sus componentes internos. A pesar de lo anterior, aún
con lentitud y notables limitaciones, la ONU - y en menor medida la OEA en América
Latina- tiene antecedentes positivos como mediadora en la solución de guerras
civiles. En la mayoría de los casos, la ONU se apoya en Grupos de países no
involucrados de forma directa en los conflictos, pero sí afectados por estos, e
interesados por ello en la solución. Fue el caso del Grupo de Amigos del
secretario general (México, Colombia, Venezuela y España) en las negociaciones
de El Salvador. Sin embargo, la ONU en ocasiones se ve crecientemente desbordada
(operativa y financieramente) y complementa su papel de mediador buscando que países
cercanos a aquellos que están en conflicto, por interés natural, colaboren en
el esfuerzo de paz [49].
Para
concluir, es necesario tener presentes los debates aparecidos tras la acción de
la ONU y algunos países cuando actúan de forma unilateral (o sea, sin la
aceptación o petición de los actores involucrados). Se ha justificado este
tipo de acciones como intervención humanitaria, siendo el caso más notable la
acción militar encabezada por los Estados Unidos en Somalia. La discusión
desborda el nivel de la acción humanitaria y se traslada al tema de la violación
de las soberanías de los Estados- Nación. Sin embargo, aún es prematuro
aventurar hipótesis sobre la diferencia existente entre una acción
evidentemente positiva como la mediación, con la aceptación de las partes
involucradas en un conflicto, y la intervención [50].
NOTAS
1. La Jornada, México, 13 de septiembre de 1982, p. 27.
2. Jorden, William J.; La Odisea de Panamá, 2 Vols., Fraterna,Buenos Aires, 1985. Jorden fue uno de los principales negociadores de los Tratados del Canal de Panamá por parte del Gobierno de Carter.
3. U.S. Department of State; "Panama: A Just Cause", Current Policy No. 1240, Washington, 1990.
4. Summers, Harry G.; On Strategy. A Critical Analysis of the Vietnam War, New York, Dell Pu. Co., 1984.
5. En Venezuela, el 3 de febrero de 1982 se produjo un intento de golpe de Estado que fracaso. Esta acción militar se justificó por sus protagonistas por los efectos de las políticas neoliberales en la población. A fines de 1992 se dio otro intento de golpe militar que pudo ser contenido por el gobierno. Estos hechos hablan de que la larga estabilidad democrática se ha debilitado, siendo necesarias reformas políticas que reflejen la nueva realidad política y social del país.
6. Entrevista al diputado venezolano Teodoro Petkoff, 24 de mayo de 1991. Petkoff fue uno de los dirigentes guerrilleros más importantes y uno de los principales protagonistas de este proceso de pacificación.
7. Los primeros esfuerzos de paz en Colombia, registrados desde principios de los ochenta, fueron muy significativos. Veáse para este período Behar, Olga; Las guerras de la Paz, Planeta, Bogotá, 1985.
8. Pécaut, Daniel; "Colombia: violencia y democracia", Análisis Político, No. 13, Bogotá, mayo- agosto de 1991, pp. 44- 45.
9. Desde 1981 se habla de la posibilidad de negociaciones entre el M- 19 y el Gobierno, no obstante, después de una tregua lograda en 1985 que se rompió con los acontecimientos del Palacio de Justicia de noviembre de ese año, se logran otra vez acuerdos - en esta ocasión definitivos- a partir del "Pacto Político por la Paz y la Democracia", suscrito el 2 de noviembre de 1989 (ver el texto del pacto en El Tiempo, Bogotá, 6 de noviembre de 1989, p. 9A). En éste se incluye la necesidad de efectuar una "Reforma Constitucional" (que se dio con la convocatoria a la Asamblea Constituyente y la redacción de la nueva constitución), y la conversión a la vida civil de los guerrilleros, realizada tras la desmovilización de todos sus frentes armados y la insersión del M- 19 al proceso electoral. Ver "Acuerdo político entre el Gobierno Nacional, los partidos políticos, el M- 19 y la iglesia católica en calidad de tutora moral y espiritual del proceso, suscrito en el Palacio de Nariño", Bogotá, 9 de marzo de 1990. Ver también "Paz Nacional y Diálogos Regionales" (Intervención del consejero presidencial Rafael Pardo Rueda. Segundo Encuentro por la Paz, Ibague, Colombia, 17 de febrero de 1989).
10. La Coordinadora Guerrillera Simón Bolivar está conformada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el Ejército de Liberación Nacional y el Ejército Popular de Liberación.
11. Los pactos de paz con los narcotraficantes se realizan sobre la base de las nuevas disposiciones contenidas en la constitución, donde se excluye la extradición de presos a algún país. Los narcotraficantes se entregan a la justicia colombiana siempre y cuando permanezcan presos en su país. Esa fue la condi- ción que garantizó la entrega del principal dirigente del Cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria. García Márquez calificó esta negociación como un "Triunfo de la inteligencia". Carta de Gabriel García Márquez al diario Los Angeles Times, La Jornada, México, 26 de junio de 1991, p. 33. En 1992, Escobar Gaviria se fugó del penal de Envigado, rompiendo el pacto de paz con el Gobierno, y emergiendo por vez consecutiva la posibilidad de una guerra abierta entre los carteles del narcotráfico y el Gobierno colombiano.
12. Las conversaciones entre la CGSB y el Gobierno, realizadas durante el primer semestre de 1991, contaron con la mediación del Gobierno de Venezuela y se realizan en territorio de ese país. No obstante, a la par de las conversaciones, la CGSB ha incrementado sus acciones militares - básicamente el sabotaje a la infraestructura petrolífera- como forma de presionar al Gobierno, con lo cual se ha incrementado la tensión entre las partes. Ver "Ofensiva antipetrolera de la CGSB por el acoso militar", La Jornada, México, 3 de julio de 1991, p. 35. La agenda de negociación, delimitada en la reunión celebrada en Caracas el 7 de junio de 1991 incluye: el cese de fuego y las hostilidades; la participación en la Asamblea Nacional; acciones contra grupos paramilitares y de `justicia privada' y medidas contra la impunidad; cambios en la "doctrina de seguridad nacional"; así como las medidas para la reinserción de la guerrilla a la sociedad, la verificación internacional del proceso y la metodología para su aplicación. Ver "Aprueban Colombia y la CGSB la agenda para negociaciones de paz", La Jornada, México, 8 de junio de 1991, p. 25. Es importante tener presente que el 30 de septiembre de 1991 se cancelaron las conversaciones de paz debido a que el Gobierno protestó ante la guerrilla por un importante asesinato político, el de Aurelio Iragori, ex- director del Partido Liberal y ex- presidente del Congreso. Ver Ramírez Tobón, William; "Alguien quiere volver a Tlaxcala?", Análisis Político, No. 16, Bogotá, mayo- agosto de 1982, p. 55. Después dichas conversaciones se reanudaron, pero por la crisis política desatada en Venezuela tras el intento de golpe de febrero de 1992, las conversaciones se trasladan a Tlaxcala, México.
13. Ver el documento gubernamental "Propósitos para ponerle fin al conflicto armado, reanudación de las conversaciones de paz, marzo de 1992", Presidencia de la República, Bogotá, marzo de 1992 (citado en "Alguien quiere volver a Tlaxcala? ", op. cit. p. 60). En el mismo se plantean 13 consideraciones: 1) El nuevo orden constitucional garantiza la entrega de armas de la guerrilla; 2) el diálogo, un instrumento, pero de paz; 3) la guerrilla debe hacer explícitas sus demandas; 4) la guerrilla no puede seguir atentando contra los colombianos y su patrimonio; 5) la paz, compromiso de todos; 6) el cese al fuego y las hostilidades debe ser verificable; 7) creación de foros regionales de paz sin grupos armados; 8) la política social es independiente de la desmovilización; 9) programas de reinsersión y rehabilitación; 10) paz nacional y supervisión internacional; 11) Colombia debe invertir más en seguridad; 12) reforzar el sistema de justicia; y 13) una política integral para enfrentar la violencia.
14. La Jornada, México, 10 de enero de 1993, p. 31.
15. "Zimbabwe", Guía del Tercer Mundo 84- 85, Cuadernos del Tercer Mundo, México, 1985, pp. 355- 358.
16. Un esfuerzo de análisis comparativo similar al presente, que incorpora los casos de Sudán, Filipinas y Sri- Lanka, comparándolo con la implementación de Esquípulas en Centroamérica véase en Aguilera, Gabriel; "Esquípulas y el conflicto interno en Centroamérica", en Ricardo Córdova y Raúl Benítez Manaut (Compiladores) La Paz en Centroamérica: Expediente de Documentos Fundamentales 1979- 1989, CIIH- UNAM, México, 1990, pp. 27 a 30. El caso de Eritrea- Etiopía se analiza en Assefa, Hizkias; "Conflict Resolution Perspectives on Civil Wars in the Horn of Africa", Negotiation Journal, Vol. 6, No. 2, Plenum Press, New York, April 1990.
17. Aguirre, Mariano; "La guerra a escala global II: Angola y la conexión Surafricana", en Mariano Aguirre y Robert Matthews, Guerras de baja intensidad, Fundamentos, Madrid, 1989. Ver también Pellicier, René; "Angola, Mozambique: des guerres interminables et leurs facteurs internes", Herodote, No. 46, París, 4o. trimestre de 1987.
18. Cuatro documentos fueron firmados entre el presidente de Angola, Eduardo dos Santos, y el dirigente rebelde de UNITA, Jonas Sabimbi: el Acuerdo Global para la Paz y la Democracia en Angola; el Acuerdo sobre los Principios Políticos para el Logro de la Paz (Documento de Washington); Acuerdo para el Alto el Fuego; y el Protocolo de Estoril, que es el núcleo de los Acuerdos, cuyos principales puntos son: realización de elecciones libres y democráticas; garantías para formar partidos políticos; libre acceso a los medios de comunicación y libertad de expresión; creación de una comisión conjunta político- militar que posibilite el proceso democratizador y vigile los acuerdos de paz; formación de subcomisiones para supervisar la tregua; inclusión de los guerrilleros en el ejército regular; reconocimiento de la UNITA como partido político; creación de una administración conjunta civil en las hasta ahora zonas de guerra; disminución del ejército regular a 50.000 hombres, integrado por 20.000 soldados del ejército regular y 20.000 ex- guerrilleros (UNITA no contaba con fuerza aérea). Finalmente, desmovilización conjunta de los restantes soldados y ex- guerrilleros. Este acuerdo fue firmado en Lisboa el 31 de mayo de 1991. La Jornada, México, 1o. de junio de 1991, p. 28. Un análisis de este plan de paz véase en "Angola, una paz intervenida" (Editorial), La Jornada, México, 1o. de junio de 1991, p. 2.
19. Las tropas cubanas adelantaron un mes el plan de repatriación, según el calendario acordado el 22 de diciembre de 1988. En 16 años de guerra participaron alrededor de 300.000 cubanos, con un saldo de 2.286 muertos. La Jornada, México, 24 de mayo de 1991.
20. Las elecciones del 29 y 30 de septiembre de 1992 dieron los siguientes resultados. Elección presidencial: Dos Santos 49,5%, Savimbi 40,6%. Elección para el parlamento: MPLA (oficial) 53%, UNITA 34,1%. La Jornada, México, 16 de octubre de 1992, p. 48. En las elecciones participaron 11 partidos políticos, sin embargo la misma se desarrolló de forma notablemente polarizada.
21. Se afirma que UNITA tiene respaldo político, diplomático y posiblemente militar de Sudáfrica y Zaire, reanudándose las antiguas fricciones geopolíticas. La Jornada, México, 10 de enero de 1993, p. 35 ("Captura el ejército angoleño el cuartel general de UNITA").
22. "Logran acuerdos provisionales fracciones camboyanas en guerra", La Jornada, México, 18 de julio de 1991. Los acuerdos definitivos se firmaron del 26 al 28 de agosto de 1991 en Bangkok. Los acuerdos contemplan el alto el fuego y la realización de elecciones bajo supervisión de la ONU, quedando pendiente la desmovilización de los ejércitos.
23. Alagappa, Muthiah; "El conflicto camboyano: perspectivas de un arreglo negociado", Desarme, Vol. XIII, No. 2, 1990, Naciones Unidas, New York.
24. "La ONU sin opción en Camboya; Pol Pot impedirá gobernar. Acusan a la UNTAC de poner la mayor parte del territorio bajo control exclusivo de Hun Sen", Excelsior, (sección escena mundial), México, 28 de diciembre de 1992.
25. Väyrynen, Raimo; "The United Nations and the Resolution of International Conflicts", en Richard Falk et. al. The United Nations and a Just World Order, Westview Press, Boulder, 1991, p. 237.
26. Intervención del asistente del secretario general de las Naciones Unidas, Álvaro de Soto, en el programa televisivo Nexos. México, 3 de enero de 1993, Canal 13, 10 a 11 p.m.
27. Ver "Texto de la Declaración Franco- Mexicana sobre El Salvador (28 de agosto de 1981)", en Raúl Benítez Manaut y Ricardo Córdova Macías (Compiladores) México en Centroamérica. Expediente de Documentos Fundamentales (1979- 1986), CIIH- UNAM, México, 1989, p. 45.
28. Para un análisis de la militarización de la región y el despliegue de las estrategias militares, ver Bermúdez, Lilia; Guerra de baja intensidad. Reagan contra Centroamérica, Siglo XXI, México, 1987.
29. Ver Woodward, Bob; Veil: the Secret Wars of the CIA, Simon & Schuster, New York, 1987.
30. Benítez Manaut, Raúl; La teoría militar y la guerra civil en El Salvador, UCA Editores, San Salvador, 1989.
31. Esto lo hemos analizado en detalle en Ricardo Córdova Macías y Raúl Benítez Manaut (Compiladores) La Paz en Centroamérica: Expediente de Documentos Fundamentales 1979- 1989, CIIH- UNAM, México, 1989.
32. Ver "Iniciativas de paz de Nicaragua con los Estados Unidos. Un recuento (agosto de 1981- marzo de 1985)", en La Paz en Centroamérica: Expediente de Documentos Fundamentales 1979- 1989, op. cit., pp. 211- 217.
33. Ver "Conclusiones del Informe de la Comisión Internacional de Verificación y Seguimiento a la reunión de los presidentes sobre los progresos en el cumplimiento de los acuerdos del procedimiento para alcanzar la paz firme y duradera en Centroamérica, 12 de enero de 1988" (pp. 432- 438), y "Acuerdo entre el Gobierno constitucional de Nicaragua y la Resistencia Nicaragüense, 23 de marzo de 1988" (pp.240- 243) en La Paz en Centroamérica: Expediente de Documentos Fundamentales 1979- 1989, op. cit.
34. Salguero, Martha Elena; Perspectivas de la Paz en Centroamérica a la luz de Esquípulas. (1990), FLACSO, Serie Debate No. 7, Guatemala, 1991, p. 32.
35. El antecedente de ONUCA es el la Misión de Observadores para verificar el proceso electoral de Nicaragua (ONUVEN) que operó desde el 25 de agosto de 1989. Ver The Blue Helmets. A Review of United Nations Peace- Keeping, United Nations, New York, 1990, p. 392.
36. Este cuarto período del proceso de paz lo incorporamos a manera de hipótesis a demostrar, ya que en marzo de 1994 se deben realizar las próximas elecciones, fecha hasta la cual se podrá afirmar si se consolida el proceso de pacificación, a través de la real democratización, o si, por el contrario, como sucedió en Angola, se producen reveses en la parte final del proceso de paz.
37. Córdova, Ricardo; "El proceso de diálogo- negociación y las perspectivas de paz", en Varios, El Salvador: guerra, política y paz, CINAS- CRIES, San Salvador, 1988; y Córdova, Ricardo; "El Salvador: las negociaciones de paz bajo la mediación de las Naciones Unidas", en Centroamérica ante las nuevas relaciones internacionales, FLACSO- Fundación Ebert, Guatemala, 1992.
38. Benítez Manaut, Raúl; "La ONU y el proceso de paz en El Salvador: 1990- 1992", en Revista Mexicana de Política Exterior, No. 34, Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos, SRE, México, Primavera de 1992.
39. Este acuerdo entre el Gobierno guatemalteco y la URNG es el primer resultado positivo desde que se firmó el Acta de Esquípulas y comenzaron las conversaciones. La agenda temática de discusión y la periodicidad de las conversaciones (y posibles negociaciones) queda consignada en el "Acuerdo de México", firmado el 26 de abril de 1991. En él se incluye la participación de la ONU como "observadora", siendo la Comisión Nacional de Reconciliación la "mediadora". Los temas a discutir en la agenda son: democratización; Derechos Humanos; fortalecimiento del poder civil; función del ejército en una sociedad democrática; identidad y derechos de pueblos indígenas; reformas constitucionales y régimen electoral; aspectos socioeconómicos y situación agraria. Ver Enfoprensa. Información de Guatemala, Año 9, No. 422, 23 al 29 de abril de 1991. En la reunión realizada en Querétaro, México, entre el 22 y el 26 de julio de 1991, se logra el Acuerdo sobre Democratización. Éste es aún muy general, incluye la necesidad de que se de una "preeminencia de la sociedad civil sobre las Fuerzas Armadas", para lograr una democracia "formal y participativa". Se incluye también la eliminación de la represión política, el fraude y la imposición electoral. Lo importante de este acuerdo no es su contenido en sí mismo, sino la voluntad mostrada por las partes. La Jornada, México, 27 de julio de 1991, p. 25.
40. "Guatemala. Vistazo mensual", CERI- GUA, Vol. 5, No. 66, México, septiembre- noviembre de 1992, p.5.
41. Ver el interesante ensayo de Padilla, Luis Alberto; "La teoría de la resolución de conflictos y su aplicación al contexto socio político de Guatemala", Estudios Internacionales, Año 1, No. 2, Guatemala, julio- diciembre de 1990. Un análisis comparativo de los dos procesos, donde se hace énfasis en las diferentes formas de mediación, véase en Padilla, Luis Alberto; "Mediation in El Salvador and Guatemala: A Comparative Analysis", mimeo, IRIPAZ, Guatemala, Julio de 1992.
42. Las Américas en un Mundo Nuevo. Informe del Diálogo Interamericano para 1990, The Aspen Institute, Washington, 1990.
43. "Declaración de Tuxtla Gutiérrez", en Presidencia de la República El Gobierno Mexicano, No. 26, México, enero de 1991, pp. 33 a 39.
44. Ver al respecto Conteh- Morgan, Earl; "Civil and External Conflict Interface: Violence, Militarization, and Conflict Management in the Angolan Civil War", Kumar Rupesinghe (Editor) Internal Conflict and Governance, St. Martin's Press, London, 1992.
45. Ver Myers, Robert; "After the Cold War", Society, Vol. 28, No. 3, March/April 1991; Sorensen, Theodore; "Rethinking National Security", Foreign Affairs, Vol. 69, No. 3, Summer 1990; Kristol, Irving; "Defining our National Interest", The National Interest, Fall 1990; Galtung, Johan; "De la bipolaridad a la unipolaridad, en un mundo multipolar", Papeles para la paz, No. 41, Madrid, España, 1991, p. 74.
46. Merle, Marcel; "De la négociation", Pouvoirs, No. 15, Paris, 1980, p. 11.
47. Esto ha sido desarrollado, como propuesta metodológica, por Kumar Rupesinghe. Ver Rupesinghe, Kumar; "The Disappearing Boundaries Between Internal and External Conflicts", en Kumar Rupesinghe (Editor) Internal Conflict and Governance, St. Martin's Press, London, 1992.
48. Ver Chubin, Shahram; "Les conflits dans le Tiers Monde: tendances et perspectives", y Djalili, Mohammad- Reza; "Analyse des conflits du Tiers Monde: élements d'une typologie", en Revue international des sciences sociales, No. 127, UNESCO, París, febrero de 1991.
49. Hay autores que afirman que el rol de la ONU se ha incrementado con el fin de la Guerra Fría, sirviendo sólo a los intereses de los países que conforman el Consejo de Seguridad (EE.UU., Inglaterra, Francia, Unión Soviética y China). Esta hipótesis se sostiene a raíz del papel cumplido por la ONU en la guerra del Golfo, donde se menciona que formalmente la organización otorgó un mandato a los Estados Unidos y la coalición aliada para actuar militarmente, siendo en realidad a la inversa: EE.UU. recurrió a la ONU para lograr sus intereses particulares, utilizándola para legitimar su acción militar. Ver Falk, Richard; "Questioning the UN Mandate in the Gulf", IFDA Dossier, No. 81, Switzerland, April/June 1991.
50. Ver A United Nations of the Future, Transnational Foundation for Peace and Future Research, Sweden, 1991.
(*) Sociólogo mexicano. Miembro investigador del Centro de Relaciones Interdisciplinarias en Humanidades de la Universidad Autónoma de México (UNAM)